El impacto de 23 vidas

Por Alejandra Revilla

Hoy es uno de esos días donde los sentimientos te inundan; a veces es complicado procesar todo lo que está pasando en el mundo. De hecho, es imposible. Esa fracción a la que estamos expuestos también nos hace sentir agobio. 

Me levanté con la noticia de que al menos 23 connacionales perdieron la vida en un accidente en la línea 12 del metro de la ciudad. “¿La línea 12?” pensé, “yo recuerdo cuando se inauguró”. En mi sorpresa busqué más información. La también llamada “Línea Dorada” se inauguró en 2012 y desde el 2014 había varias preocupaciones de seguridad sobre  la estructura (El Universal, 2021). Mientras desayunaba y trataba de encontrarle sentido a todo, sentí una profunda tristeza por mi ciudad. Está claro que ninguna obra pública, ni ninguna administración está exenta de errores, pero ¿es demasiado pedir que se nos proteja? 23 ciudadanos estaban en camino, a sus casas después de un arduo día de trabajo. Iban a ver a familia, amigos, a trabajar los odiosos turnos nocturnos. 23 vidas que se cortaron abruptamente, más 79 heridos. 

Subí un resumen de lo ocurrido narrado por BBC, la cadena inglesa de noticias, en mis redes sociales como una forma de expresar que mi día estaba nublado, tanto fuera como dentro de mi hogar, en ese lluvioso día en Lund, Suecia. Me llegaron mensajes de ánimo de compañeros internacionales que entienden la impotencia de que cosas malas ocurran en casa y uno esté lejos. Pues si bien ninguno de mis conocidos resultó afectado, sabemos que se comparte un sentimiento de luto con tus compatriotas cuando el sistema te falla. Y mientras procesaba estas emociones, pasaban las horas y México abría nuevamente los ojos. Un buen amigo me contesta diciendo: “Y 15 años están resguardados los documentos de la construcción”. “Clásico” me dije a mi misma mientras terminaba de hacer todas las conexiones. Desgraciadamente la pérdida de vidas es algo normalizado en países como México. Si bien es una tragedia que debería conmocionar a cualquiera, ya no estamos pensando en esas 23 vidas, tampoco estamos pensando en sus familias ni en su dolor. El miedo latente en ese comentario es que estamos igual de expuestos ayer, que hoy, que mañana a que este tipo de tragedias sigan ocurriendo.  El gobierno parece más concentrado en lavarse las manos que en encontrar soluciones. Y es que no necesitamos quemar en la hoguera a los ingenieros que “mal-planearon” la obra. Aunque probablemente las familias de los fallecidos no estén de acuerdo conmigo. Lo que realmente necesitamos es que se nos proteja. Que el gobierno se asegure de que las obras públicas sean espacios seguros. Queremos poder circular con normalidad, sin miedo a perder la vida. 

Estudiar en el extranjero es una oportunidad maravillosa, pero viene con estos contrastes que hacen que te duela el corazón. Aquí estoy yo debatiendo con mis compañeros las mejores maneras de generar energía limpia sin comprometer recursos no renovables, ni la capacidad de regeneración de ecosistemas dañados anteriormente; mientras que en mi país se lucha por el derecho de llegar sanos y salvos a casa. Violencia, robos, homicidios y, ahora, fallas estructurales que solo prueban, una vez más, lo frágil de nuestro sistema. ¿Qué hacer cuando el sistema te falla? 

Ojalá se vea pronto la luz al final del túnel, hoy por lo pronto es un día de recogimiento, de rezo y de meditación. Esperando volver a mi centro, a una paz que me permita la esperanza de un mañana mejor. Ya mañana será otro día.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s