Elecciones apolíticas

Juan Carlos Puebla Pavlovich

El problema con los tiempos electorales es que son poco cívicos. Entre embustes y farsas, los políticos de alcurnia buscan mantener el poder en nuestra partidocracia. Son capaces de contraponer su interés personal con sus supuestos ideales. Algunos ven la necesidad de cambiar de bando para alistarse a la batalla. El chapulineo es cosa de todas las elecciones; el objetivo principal de esa acción tan deleznable es mantenerse en el poder, no importa qué color vestirás o a qué nuevo jefe seguirás, lo sustancial es mantener tu linaje en la enigmática y poco ciudadana política mexicana.

La falsa ilusión de civismo en las campañas electorales genera que se reduzca la política a gobierno. El ciudadano limita toda su acción pública a ejercer su derecho a votar, los políticos son conscientes de esta realidad y por ello sólo vagan entre el pueblo en tiempos electorales. El reduccionismo de política a gobierno empobrece el sentido profundo de la ciudadanía. Política, realmente,  es sinónimo de acción social, pública, y de ciudadanía. «El fin de la ética es la política», proclamaron los griegos para enfatizar que la persona sólo se realiza en un ámbito público –por aquello de que somos seres sociales por naturaleza–. 

En México se celebrarán las elecciones más numerosas de nuestra historia. Hay dos grandes grupos que se enfrentan por el poder, los obradoristas y sus opositores. La oposición se ha unido en algunos Estados para generar alianzas, en mis tierras decidieron hacer la coalición «Va por Sonora». En un primer momento no me pareció tan mala idea esta alianza contradictoria, creía que los opositores con sus nuevas coaliciones también construirían alternativas de gobierno novedosas. Las lecciones de las elecciones pasadas en las que Morena consiguió un poder hegemónico parecían suficiente evidencia para que los dirigentes políticos buscarán una reestructuración en sus partidos, pero para mi sorpresa estas alianzas parecen tener una única misión: impedir que los morenistas –antigüos priistas, panistas y perredistas– les arrebaten el poder. 

 Me ausenté algunos años del desierto que me crió, en mi regreso encontré un panorama político complejo e intenso en los niveles locales y estatales. En estas últimas semanas se han terminado de definir las listas de candidatos por las alianzas, al revisar sus nombres quedé sorprendido: la alianza “Va por Sonora” es la mezcla de personajes políticos que han estado en puestos de poder en los últimos años. En 2015, viví las elecciones estatales como alumno de preparatoria y puedo asegurar que ahora, en 2021, como egresado de la universidad, leo, en su mayoría, los nombres de los mismos personajes que ya fueron rechazados en 2018 por gran parte de los ciudadanos. Estamos en las manos de aquellos que ya han fracasado: el espíritu de renovación es nulo en la política mexicana, las alternativas son pobres. La oposición sigue sin impulsar un proyecto ciudadano, el obradorismo (morenismo) tampoco lo hará –sus candidatos son de la misma cepa o de una peor–. La poca juventud inmersa en las campañas estatales se formó en los cuadros partidistas sin visión ciudadana.

La carencia de líderes que inciten a la sociedad civil a actuar es nuestra condena, resuenan las palabras del maestro Vasconcelso al aceptar su candidatura presidencial para  enfrentar al caudillismo con su movimiento civil en 1929: 

 «El problema político, letra muerta para los esclavos, es esencial para los hombres libres y para las épocas fecundas. Sin garantías políticas definidas e intocables no es posible alcanzar ningún verdadero progreso colectivo, y en ninguna parte ha sido y es más necesaria la libertad que en este país nuestro, castigado por las iniquidades de mil suertes de tiranías. Para salir del círculo vicioso de la tiranía local que se engrana en la dictadura del centro y a la vez que una y otra se apoyan y justifican, para salir de esta ignominia nacional es indispensable recurrir a la medida extrema y todavía no ensayada de una manera rigurosa: la creación de un Poder Ejecutivo severamente controlado por las leyes, las instituciones y la opinión».

Es la sociedad civil la que debe tomar la acción política para controlar, a través de la crítica y de sus propias instituciones, al poder. Si los partidos quieren una renovación verdadera deberían apostarle a la política ciudadana. Pero, no parece ser su prioridad. Si no lo hicieron en un momento crítico como éste, no lo harán después. Si los ciudadanos no nos preparamos para ejercer la política, el tiempo pasará y la acción pública seguirá secuestrada por farsantes y marrulleros. Las calles, los vecindarios, los parques y en general toda la ciudad nos pertenece,  es tiempo de hacerla nuestra.

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