Libertad de expresión contemporánea

Por Natalia García Pimentel Zavala

La libertad de expresión siempre ha sido un tema muy controversial desde siempre. Qué decir, cuándo y cómo decrilo han sido los debates que han llevado a grandes figuras de la historia a encarar una realidad que, en diversas ocasiones, no les era del todo favorable. Pero ahora que vivimos en el siglo XXI, una época revolucionaria en muchos aspectos, la libertad de expresión contemporánea se ha convertido en una ideología utópica, que carece de consistencia y humanismo.

La sociedad actual ha tomado un rumbo que por siglos se pensó que no tomaría ante los derechos de personas de las mujeres, personas de color, migrantes y miembros de la comunidad LGBT, incluyéndolos como parte de lo que son: la sociedad humana. No obstante, ante esta nueva visión del mundo, han existido muchos choques con respecto a la libertad de expresión. Ésta se ha visto vetada en incontables ocasiones cuando se considera que el hecho de que una persona exprese sus ideas es erróneo si no se adecúa al margen social contemporáneo. Tal y como se vio el año pasado con la aclamada autora J.K. Rowling, creadora de la saga Harry Potter, quien a través de sus diferentes redes dio a conocer su postura respecto a ciertos movimientos sociales, siendo atacada y vetada por fanáticos y colegas que acusaron a la escritora de calumniadora y fascista ante su forma de pensar, sin embargo, la autora no hizo más que dar a conocer su postura ante ciertos acontecimientos, manteniendo el margen de respeto a quienes piensan diferente, y he aquí el verdadero problema. 

Con tal de poder expresarse libremente, la sociedad exige que esas ideas se adapten a una línea ideológica a la que muchos no pertenecen por una realidad que han intentado opacar: el ser humano, por definición, es diferente entre sí, siendo este el atributo que enriquece culturas y que, tristemente, se ha visto afectado por un deseo sordo e irascible de querer implementar una misma forma de pensar en todos. Así se demuestra, en una versión mucho más fatídica, dentro de la obra 1984 de George Orwell. Donde se describe a una sociedad forzada a interactuar como autómatas, incapaces de expresar aquellas diferencias que los denotan como únicos.

Pensar diferente es algo natural, ha sido la clave de la evolución de la humanidad. Por lo que estando en el nivel intelectual en el que nos encontramos hoy en día como sociedad, debería llevarnos a una interacción mucho mayor y más grata, basada en el respeto y en el saber escuchar, no con el afán de entender y/o atacar, sino de conocer otros puntos de vista.

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