Googlealo

Por José Francisco Pérez

«No hay quien desuelle y martirice con mayor crueldad a los niños que aquellos maestros que no tienen nada que enseñarles».

Erasmo De Rotterdam 

Hace unos días un conocido me contó sobre unas maravillosas ideas de educación. Él es educador, se dedica a formar gente. Me contaba sobre un descubrimiento que había hecho. Sin duda era algo grande, se le veía emocionado, mencionó una revolución en la educación. Cuando le dediqué unos minutos a escucharle descubrí que, en efecto, no había descubierto nada. Había sido víctima de la mentira más grande para un profesor del siglo XXI, que en pocas palabras es el progresismo pedagógico. Básicamente, defendió un refrito bastante lamentable de las ideas de la educación progresista. No es que su explicación haya sido lamentable, lo verdaderamente lamentable eran sus ideas. 

Había sido víctima de unas de las ideas más divulgadas sobre educación que, a pesar de lo que dicen, no son ninguna novedad. La idea principal de la educación progresista se resume en una frase un tanto grotesca: “el alumno construye su propio conocimiento”. Con esto no pretendo meterme al debate del daño que ha hecho la psicología a la educación ni atacar a ningún maestro que esté dedicado de lleno a su labor. Es una crítica a las ideas que pretenden desprestigiar la labor del docente y reducirlo a un acompañante mediocre que no es capaz de enseñar nada serio a nadie. 

El constructivismo (la corriente psicológica y pedagógica que predica que el alumno construye su propio conocimiento), lo tengo que admitir, es muy llamativo. Pero como dijo un gran profesor: “el constructivismo tendrá mucho de lógico, pero le falta metafísica”. Yo simplemente diré que lo que necesita es pedagogía. La educación se ha dejado llevar tanto por la psicología que ha olvidado cuál es su propósito. Parece más interesada en aplicar las distintas teorías psicológicas que en formar personas. Tanto así que hemos perdido de vista el valor social y personal de la educación. Estamos más atentos al “yo psicológico” que al “yo personal”. 

Para el constructivismo pedagógico, si el alumno es capaz de construir su propio conocimiento, el docente sólo tiene que saber guiarlo. El docente no necesita transmitir conocimientos, sino ser una acompañante. Pero ¿acompañar para qué? Al parecer el niño es capaz de construir su realidad, pero no es capaz de limpiarse los mocos por sí mismo. 

 Y le encanta valerse de la tecnología. Cuántas veces no escuchamos las palabras de aquellos anti-intelectualistas que ante su ignorancia responden:”Googlealo”. Como si Google fuera capaz de responder a las verdaderas preguntas de un alumno.  Hace falta hacer una distinción muy importante entre información y conocimiento. La información son datos, números, palabras, ajenas a la persona. El conocimiento es algo muy distinto. Conocer es poseer. El conocimiento es parte de mí. Lo poseo y soy capaz de disponer de él. El conocimiento le da forma a la inteligencia del alumno. Le reto a cualquiera:  intenta hacer memoria de lo último que has buscado  en Google. Yo, por lo menos, no soy capaz. En cambio, todos somos capaces de recordar el año en que inició la revolución francesa. Si el profesor no es capaz de enseñarle al alumno cosas que no encuentra en Google, el problema no es Google, es el profesor.

También sufren de un defecto mayúsculo. Han caído en las manos seductoras del pragmatismo pedagógico. El tan afanado “learning by doing” parece ser el eslogan de todo gran pedagogo -aunque ninguno haya leído a John Dewey, padre del pragmatismo pedagógico-. Parece que anteponen la experiencia a cualquier cosa. La materia ya no importa, sino que el alumno experimente. Simplemente me limitaré a contar una anécdota de Rousseau, precursor del naturalismo pedagógico: 

Un día nos paseábamos a lo largo del Isère, por un lugar cubierto de sauces espinosos. Vi sobre estos arbustos frutos maduros, y sentí la curiosidad de probarlos. Como la ligera acidez de las pepitas me resultó muy agradable, me puse a comer para reanimarme; el señor Bovier permanecía a mi lado sin imitarme y sin decir nada. Apareció uno de sus amigos que, al verme picotearlos, me dijo: «¡Eh! señor, ¿qué hacéis? ¿Ignoráis que este fruto es venenoso?». «¿Este fruto es venenoso?», exclamé yo sorprendido. «Sin duda —continuó—, y todo el mundo es tan consciente de eso que nadie en el país se atreve a probarlo.» Miré al señor Bovier y le dije: «¿Por qué no me lo habéis dicho?». «¡Ah, señor —me respondió con un tono respetuoso—, no osaba tomarme esa libertad!»1

Existen experiencias educativas y experiencias des-educativas. Y es necesario recordar esto, ya que se tiene la firme, y absurda, creencia del niño innatamente bueno. Se cree que, por el hecho de ser  inocente, el niño va a ser capaz de discernir entre las experiencias educativas y las des-educativas. 

Todos estamos de acuerdo en que la educación necesita una revolución, pero no una revolución absurda. El desarrollo si no es para bien, no es desarrollo. Podemos llegar a ser como los borregos que siguen al tuerto por el barranco. Es difícil, pero es necesario detenerse a pensar en la educación. No podemos dejarnos llevar por las novedosas entregas de métodos “revolucionarios” por el simple hecho de ser supuestamente novedosos, y digo supuestamente porque de novedosos no tienen nada. 

Hemos olvidado la importancia de la excelencia académica, de la lectura, de la concentración, de la atención. Estos parecen ser los terrores de la educación progresista, que prefieren refugiarse en teorías anticuadas de forma religiosa. La nueva generación tiene problemas de atención y parecemos estar orgullosos de que así sea. La ignorancia parece ser motivo de soberbia y de presunción, cuando debería de ser todo lo contrario. 

La innovación es necesaria, pero necesitamos orientarla bien. Las escuelas deberían plantearse programas que den conocimientos, orientadas a desarrollar el carácter y las virtudes sociales.  Necesitamos escuelas que exijan a la persona, no como lo que es, sino como lo que podría llegar a ser.

Bibliografía

1 Rousseau, J. J. (2017). Las Ensoñaciones Paseante Solitario. 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s