Por un regreso a la Era de la Ética

Por Álvaro Ortega Ibarra

Este nuevo año se presenta, como todos, con grandes retos. En México, además de los grandes retos que enfrentamos como humanidad entera, tenemos elecciones. Serán las más grandes en la corta historia democrática de este país en cuanto al número de participación estimada y al número de cargos que estarán en disputa. Un magno evento, con enormes consecuencias y decisiones que afectarán a la salud, al techo, a la comida y al bolsillo de los todos los mexicanos. Pero veo un problema. Uno del se ha hablado y criticado, pero no analizado de forma profunda. Hemos comprado la idea de que es un elemento más de la vida social de nuestro país, una circunstancia generada por los gobiernos anteriores y alimentada por el actual: la división. La división social, principalmente ideológica: chairos contra fifís. 

Al comprar este problema como un elemento más, lo dejamos pasar con esa simpleza y mala memoria que nos caracteriza, desgraciadamente, como sociedad. Porque hay tantos males y traumas en nuestro día a día, que el remedio más fácil se vuelve la normalización de estos males. Pensemos en las muertes, por crimen organizado y ahora por la pandemia; pensemos en los niños, ancianos y trabajadores que no tienen acceso a un adecuado sistema de salud; pensemos en los asaltos, en la corrupción de mordidas hasta las de casas y licitaciones con bolsas llenas de dólares. De este listado, nos pueden venir interminables ejemplos de cada uno, e incluso podríamos sumarle a la lista; ¿pero qué hacemos en realidad? Olvidar: porque es lo más cómodo. ¿Se han puesto a pensar cuántas capturas de pantalla por alerta Ámber o por mujeres desaparecidas hemos compartido? A veces  las compartimos sin siquiera detenernos a ver la foto o el nombre de la persona buscada, lo hemos normalizado. Esto no puede pasar, no puede seguir.  Un primer paso, pienso, puede ser el dejar de pensar que la política es un evento deportivo, o un concurso.

Sí, existen “partidos” políticos, “jornadas” electorales y hay veces que hasta las porras con las banderas de estos partidos podemos ver; pero no es fútbol ni ningún otro deporte, es política. Y en la política no ganan unos y otros pierden, en la política una opción, una idea, un plan es elegido para que con ésta todos ganemos, o todos perdamos, o a todos nos vaya más o menos. Y no parecemos entenderlo. Defendemos a los actores políticos de uno u otro grupo, como si fuera el delantero de nuestro equipo favorito, en donde muchas veces estamos cegados, pero donde realmente no importa si estamos o no cegados. Ya lo decía Frank Underwood, en su primera comparecencia en el juicio político en su contra: “Bienvenidos a la muerte de la Era de la Razón. El bien y el mal ya no existen. Sólo existe estar dentro… o estar fuera”. Que ésta Era de estar dentro o estar fuera, ser fifí y defender a toda costa a los míos, o ser chairo y pretender hacer lo mismo, acabe de una vez por todas. 

Tenemos la obligación, como sociedad, de elevar el nivel de discusión política. Y la principal discusión política, por las elecciones que nos atañen este próximo seis de junio, debe ser principalmente local. Yo propongo comenzar este nuevo piso de discusión política con una pregunta sencilla, que muchas veces es difícil de resolver, que nos abre las puertas a una discusión social a un nivel más digno: ¿Está bien (espacio)?

En los últimos días hemos podido observar de manera muy clara el problema al que me refiero: el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell, vacacionando en playas mexicanas. Unos, lo atacan porque no da un ejemplo, porque no es congruente con su mensaje. Y otros, lo defienden porque se merece unas vacaciones después de su trabajo en los últimos meses. Y después vemos a los muchos que defienden a unos y otros, únicamente porque “son de su equipo”, teniendo un nivel argumentativo similar al que se necesita para defender a un equipo de fútbol cuando pierde 4-0. Las preguntas que nos debemos hacer, pienso, deberían ir más o menos en la siguiente línea: ¿(en el contexto actual) está bien que una persona vaya en sus vacaciones a la playa? ¿Está bien vacacionar (en el contexto actual) aunque sea con medidas de seguridad y distancia? 

Y ya que comencemos a responder estas preguntas, poco a poco llevarlas al campo local, en donde nosotros jugamos: ¿Está bien ir a ver a mis amigos, aunque sea una vez? ¿Está bien ver a mis familiares, sólo para Navidad? ¿Está bien sólo ir a la fiesta de mi mejor amigo? Y ya con estas respuestas, con estos criterios, también juzgar y juzgar muy fuerte a nuestros familiares, amigos, vecinos y funcionarios (como el subsecretario López-Gatell). Pero si criticamos o defendemos de una forma a unos, no pretendamos solapar o atacar a los que nos rodean de forma distinta. Esto tal vez traiga más enfrentamientos, pero es algo necesario si queremos acabar con los grandes monstruos que están naciendo en este “dentro o fuera” en México. Ya no sólo son chairos y fifís, ahora también son dos grandes coaliciones con las que debemos de tener mucho cuidado.

Hacernos preguntas en el campo de la ética sobre los actos o ideas que presenten los protagonistas del próximo proceso electoral, nos ayudará a individualizar las propuestas y a los candidatos. Debemos evitar votar y apoyar a un color, porque es el que más se parece a mí. Debemos evitar      atacar al otro color porque es el enemigo común. Intentemos formular preguntas que se relacionen con los problemas locales: ¿Está bien el sistema de salud en mi entidad, el tránsito, la seguridad en mi colonia, la recolección de basura, el sistema educativo de mis hijos y vecinos? Y después, ¿cómo podría mejorar, qué hace falta? Y con base en esa discusión que generemos y con las conclusiones a las que lleguemos, ver qué opción, qué idea, o qué candidato se parece más a la mía. Pero no únicamente votar por la idea de un color, únicamente porque es de ese color. 

No pretendo resolver la crisis de participación política, o el nivel argumentativo en temas políticos, a través de planteamientos éticos. Persistirán ciertos problemas. El primero es que dentro de la ética hay muchas corrientes y teorías. Pero pienso que el hecho de hacernos planteamientos éticos,      tratar de resolverlos, también alimenta la disuasión de “qué es el bien”. El segundo es que no sólo debemos analizar las propuestas de los candidatos, también debemos analizar a los candidatos. ¿Cómo ha sido la carrera de la persona? ¿Qué credenciales presenta? ¿Qué logros tiene? ¿Se puede confiar en su palabra? En un intento de redondear estas preguntas de nuevo en el campo de la ética: ¿es una buena persona, un buen candidato?

El gran reto que tenemos como mexicanos, en aras de consolidar los cimientos de nuestra historia democrática, es destruir a nuestros monstruos del “dentro o fuera”. Entender que no somos una liga en la que unos grupos ganan y otros pierden; somos una comunidad en la que por conveniencia nos unimos para que a todos nos vaya mejor; y que las decisiones que tomemos en conjunto nos afectan a todos de la misma manera. Hay que apostar por la pluralidad, te invito a meditar si estarías dispuesto a que tu boleta este próximo seis de junio, en su caso, se pudiera ver una mezcla de colores; o no, pero únicamente porque los candidatos, en su persona e individualidad, te convencieron. ¿Estás dispuesto a escuchar más de una de las propuestas, de las ideas? Nos falta mucho por analizar, por discutir y por escuchar. ¡Que hablar de política deje de ser políticamente incorrecto!

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