Reciclaje político

Por Diego Minakata Carral

Después del 18 y la salida de Felipe Calderón y Margarita Zavala del PAN comenzó a circular la idea de que al calderonismo ya le había llegado su hora, muchos analistas auguraron su final ante la llegada de la secta obradorista y su salida del PAN. La realidad nos ha demostrado lo contrario. Hoy, además de López, no existe un solo político que tenga el alcance nacional que tiene Calderón. No cualquiera puede presumir la creación de un partido político —falta esperar la decisión de la Sala Superior del Tribunal Electoral— con un cuarto de millón de afiliados. Pocos políticos además, tienen una base social personal, es decir, que crean en su proyecto específico. Margarita, además de la visión de país que tiene, es la fundadora y presidente de México Libre por lo que la convierte en una pieza fundamental para construir una oposición sólida.

Los obradoristas mandaron al expresidente y su esposa al basurero de la historia hace unos meses. Hace unas semanas festejaron la decisión del INE al no darles el registro como partido político. En los hechos, Calderón y Zavala han logrado movilizar a un grupo importante de personas. México Libre representa a un sector poblacional importante que no puede ser minimizado. Tan lo sabe López Obrador que le dedicó —en el domingo de esa misma semana— unos minutos a grabar un video celebrando la decisión de los consejeros.

En medio de la impugnación de México Libre ante el Tribunal Electoral aparece el señor de las cartulinas, Ricardo Anaya, con un video presentando su regreso a la vida pública; que ya lo venía anunciando desde el 22 de marzo. Para el diálogo político, con un presidente tan protagonista, su irrupción en la arenga pública fue una bocanada de aire fresco. Una señal de que existen políticos que discrepan con el Incorregible. Puso en la mesa temas de conversación fuera de los acostumbrados, un recordatorio al presidente de que no puede estar haciendo lo que se le antoje con el país.

Anaya se presenta subrayando la importancia de construir una alternativa política para el 21 y el 24. Pero sobre todo, y lo más importante, anuncia un recorrido territorial por toda la república. Es relevante ya que uno de los factores que llevó a Andrés Manuel y Felipe Calderón a la presidencia —y a Margarita Zavala a juntar el apoyo para el incierto partido— fue el recorrido que hicieron por todos los estados del país; la política de a pie, pues. Es lo que les ha faltado a la oposición tuitera del PAN y a los niños progres de Dante Delgado. No hay nadie que haya caminado las calles y barrios como ellos, y eso es lo que debe hacer Ricardo Anaya para construir su base de simpatizantes.  

La diferencia entre Calderón y Anaya es que este último sí puede competir nuevamente por la presidencia. Ambos son muy relevante para crear una oposición más fuerte frente al demagogo. Se ha dicho por ahí que la presencia de sus partidos en el terreno político solo dividiría los votos de la oposición. Esto no es del todo cierto, el partido de Zavala se dirige a gente que probablemente ya no votaría por el PAN y, por otro lado, los votos que logre agrupar México Libre serían parte del bloque opositor.

El hecho de que entre ellos no se soporten no implica que estos partidos no puedan lograr un bloque opositor, ahí la tarea de conciliación será de Margarita y Ricardo y tendrán que estar a la altura para resolver sus diferencias. Puede que simpaticemos o no con ellos pero la realidad es que hoy son los líderes más relevantes contra López Obrador. En tiempos de normalidad democrática serían deseables las diferencias y confrontaciones, pero ante la situación que estamos viviendo es imperativo que cualquier figura política que se oponga al proyecto de Morena se sume a un bloque opositor para quitarles la mayoría en la cámara de diputados y la mayor cantidad de gubernaturas posibles.

México corre el peligro de tener las últimas elecciones libres en el 21. De ahí la importancia del llamado a la unidad de cualquier grupo político o sector que no esté de acuerdo con el proyecto de obrador. Las diferencias ideológicas o personales deben hacerse a un lado para defender la democracia liberal.

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