La luciérnaga

REFLEXIONES DE CUARENTENA

Fernanda Díez

Para todas las Marías de México;

ojalá que pronto vuelvan a ser ritmo.

Salimos a marchar el ocho y ahí sí que se sentía el calor de la masa. Era furia, sí, pero una furia hermana. Salimos a marchar y más que formar parte de la masa, éramos masa. Ésa que no distingue entre pensar y sentir, ésa que aunque es más sueño que vigilia, es también más realidad que idea. Ésa que no sólo es cuerpo, sino que piensa con todo el cuerpo. Pensamiento que no piensa. Pensamiento que siente.

El ocho fuimos tierra, fuimos ritmo. Porque lo que se mantiene cerca de la tierra, lo que piensa con el cuerpo, necesariamente vibra y necesariamente tiene ritmo. Gritamos, mentamos madres y a todo pulmón vociferamos cantos. En cada frase, un cachito de corazón. El corazón de la masa. También lloramos y nos apretamos las manos. No importa que no me llamo Fátima. El ocho fui Fátima. El ocho fui ritmo. 

Bonita casualidad que sea la masa y que con un bonito masculino sea el gentío. ¿No decía el argentino que el nombre es arquetipo de la cosa? ¿O fue más bien el griego en el Cratilo? La masa es femenina. La masa es mujer. Y aunque quieran venir a decirlo como insulto, la racionalidad de la mujer es la que siente, es la del cuerpo. Bendita mujer. Bendito cuerpo.

Salimos a marchar el ocho y ahí sí que se sentía el calor de la masa. Llegó entonces el dieciséis y la cosa empezó a pintar más fría.

Se cerró la puerta de golpe y otra vez era yo. María. De ser masa quedaba todavía el recuerdo del calor, pero ser recuerdo no es suficiente. La masa es absolutamente cuando es, pero una vez que se va, de ella no queda nada. Ya lo decía un tal Pablo, cuando se extingue la masa, bajo el pavimento ya no queda playa.

El quédatencasa sonó como sentencia de muerte. Para muchas ha sido eso: sentencia de muerte. Vinieron los golpes. Vino también el miedo. De mi nena ni siquiera llanto; sólo silencio. Si en esta casa alguna vez hubo un dios, hace tiempo que empacó maletas. O quizá se quedó dormido.

A lo lejos una luz se apaga. ¿Será lo que queda de esperanza o es sólo una luciérnaga?

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