Aprender a ser violentos

Por Pedro Porraz Cortés

Toda persona que pase por lo menos cinco minutos en redes sociales ha visto por lo menos una vez el video en el que un asaltante sube a una combi, y es aporreado por los pasajeros —¡Venías muy lión! —le gritaban.

Este suceso, gran meme en redes, ha disparado varias discusiones sociales sobre diversos temas como la inseguridad, la violencia en México, las condiciones de pobreza en las que se encuentra la mayoría de los mexicanos, y muchos otros; todos sumamente importantes. En este artículo de opinión quiero tratar una discusión que me parece estar implícita en la voz de la sociedad, y que tiene una opinión popular, la cual creo compartir, pero sobre la cual no he encontrado las suficientes menciones explícitas como para considerar  innecesario escribir algo sobre ello. Me refiero a la discusión sobre si es que debemos aprender a hacer uso útil de la violencia. Claramente este es un tema complicado, y no me meteré en tantos detalles, sólo busco plantear aquí una opinión que está muy sujeta a ser repensada y corregida frecuentemente. 

Vivimos en un país muy violento. Hay asaltos en cada esquina, golpizas, feminicidios, balaceras, la policía te hace sentir más inseguro que cuidado, los  políticos ignoran los hechos… Parece que sólo podemos contar con nosotros mismos para protegernos. Sería raro encontrar a una persona que pueda salir al mercado sin tener, al menos, un poco de miedo de que le pase algo: ¿cómo podemos responder a esto?

Soy de la opinión de que, como personas con vida práctica, tenemos una responsabilidad de saber ser violentos, de saber cuándo es correcto ejercer la fuerza física o verbal para defendernos o  algo que queremos, así como de saber cuándo ya ha sido suficiente. Si alguien nos insulta, de alguna manera debemos responder a ese insulto; si a las personas que están haciendo daño no reciben una represalia efectiva de alguna manera, no habrá posibilidad de una corrección que evite perjuicios futuros por parte de la misma. A veces se debe combatir fuego con fuego.

La manera en la que creo que esto debe hacerse es, en primer lugar, haciéndonos conscientes de que las leyes, tan útiles y tan ordenadoras como son, en realidad no van a impedir que algo nos perjudique; que sea ilegal pasarse el alto no va impedir que me atropellen, que sea ilegal robar no me exenta de que me roben la cartera. Siempre se debe mirar a los dos lados al cruzar la calle, y siempre debes esconder tu celular y tu cartera, y cargar con veinte pesos extras para el asaltante. Debemos cuidarnos a nosotros mismos, y asumir que ningún extraño va a ayudarnos en caso de que algo nos pase. 

Creo que el video de la combi muestra mi punto. Los varones que golpearon al asaltante, probablemente hasta la madre de que les quiten sus pertenencias y dinero, decidieron hacer justicia por su propia mano, y darle una putiza al cabrón ése. Utilizaron útilmente la violencia física para castigar al asaltante e, inconscientemente, para corregirlo. Si el asaltante no aprendió que cuando agrede se expone a que lo agredan de regreso, incluso de peor manera de la cual él es capaz de imaginar, es porque es estúpido; probablemente le quedó muy marcado que se la buscó.

Como dije en mi artículo anterior: debemos hacernos responsables de nuestras acciones y sus consecuencias sin importar el contexto en el que nos encontremos. Si tomamos la decisión de asaltar a alguien, debemos prever que se pueden defender y hacernos mucho daño; si nos vamos a defender debemos ser conscientes de que el asaltante puede ser más fuerte y ágil que nosotros, y de que nos pueden partir la cara, acuchillar, disparar o  matar. Incluso si la policía —la ley personificada— está allí, no va a detener el asalto; es muy probable que no se arriesgue a sufrir un daño que no va a cubrir ni su seguro ni su salario, o que siquiera le interese hacer bien su trabajo. 

En segundo lugar, debemos saber cuando detenernos. Esto me parece que fue el error de los varones de la combi; ellos golpearon al asaltante hasta dejarlo más hinchado que la tía Petunia. El hombre llegó al hospital en una situación complicada.

Supondré que siempre buscamos la paz, y nunca la guerra por sí misma. Pocas veces entramos en conflicto en la calle por el mero conflicto, generalmente es por defender algo o a alguien. Debemos saber cuándo detenernos pues, si castigamos de más al que nos atacó, seremos injustos, y en lugar de  hacer que el otro aprenda su lección, se despertará en el otro algo parecido al deseo de venganza o el resentimiento. Ojo por ojo, no ojo por diente y ojo. Nunca debemos buscar el mal del otro, ni de los que más nos cagan.

A lo que me refiero al decir que debemos aprender a usar la violencia es lo siguiente: la violencia no es algo bueno, pero definitivamente es útil y a veces necesaria. Uno debe usar la suficiente violencia física o verbal para corregir al prójimo, pero nunca hacerle un daño tan grande que le impida ver y corregir su error. Debemos siempre buscar el bien del otro y aceptar que el otro te corrija en tus errores. Si te golpea, golpea de regreso, si te insulta insulta de regreso, asumiendo siempre  las consecuencias de tus actos, pero nunca te quieras pasar de verga al regresarlo. Uno debe ser consciente de la fuerza que tiene, y del daño que puede hacer, para así lograr medir bien la respuesta que se va a expresar.

En el mundo y en la sociedad siempre habrá violencia, siempre estará presente en mayor o menor grado; y vendrá de cualquier lado, sin importar que tengamos las mejores leyes y los mejores líderes políticos. Por ejemplo, si vemos la tasa de homicidios en lugares que se consideran muy buenos para vivir, como lo son Suiza o Luxemburgo, veremos que, a pesar de que el número es bastante bajo, 0.5-0.3 por cada millón de habitantes, el número no es 0, ni siquiera en Japón o Singapur, los lugares con la tasa de homicidios más baja del mundo [1]. La violencia puede ser mínima, pero siempre la hay. Nosotros debemos estar preparados para ejercerla, si bien idealmente nunca debemos buscar ejercerla. 

Bibliografía:

  1. https://elordenmundial.com/mapas/homicidios-en-europa/

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