La invitación al Banquete

Por Alejandro Aparicio

“¡Oh dichosa Grecia! ¡Morada de todos los celestiales!

¿Es cierto entonces lo que nos enseñaron en la juventud?

¡Sala de fiestas cuyo piso es el mar y tus mesas, los montes;

desde antiguo trazada para tales solemnidades!” [1]

Después del mensaje del gobernador de Jalisco el pasado 7 de julio de este año sobre la posibilidad de una nueva cuarentena en caso de que sigan aumentando los contagios, quiero reflexionar sobre la importancia del Banquete. ¿Por qué hablar del Banquete, de la fiesta, de la alegría de compartir si estamos a punto de ser encerrados nuevamente? Es más que necesario en estos tiempos de miseria alimentar la esperanza y empezar a reconstruir una cultura perdida detrás de los excesos y de los miedos surgidos por esta pandemia: el arte del Banquete.

La fiesta: definir el Banquete

La idea central cuando hablamos del Banquete es, en palabras de Pieper, “celebrar una fiesta”, y nos explica: “quiere decir vivir de un modo patente, no cotidiano, ratificándola, la aceptación del sentido fundamental del universo y la conformidad con él, la inclusión en él.”]2]; todo esto materializado de una manera especial: la comunión entre amigos, el diálogo fraterno, el encanto del buen vino y la comida, el poder separarnos de la actividades diarias y vivir la fruición. El Banquete es un momento de eternidad que más que explicarse, ha de vivirse, y ninguna tragedia debería privarnos de este hermoso regalo divino.

La virtud: entrada al Banquete

Conforme a la ética aristotélica[3] definimos a la virtud como el justo medio, pero ¿en medio de qué? En medio del vicio, que se identifica en los extremos cuando hay de más o hay de menos, según sea el caso. Lo que he podido observar es que existen dos extremos ante esta pandemia: los que salen sin ningún tipo de medidas para cuidar de su salud y la de los demás, y los que han dejado que su vida sea dominada por el miedo a salir. 

Los primeros serán los osados y los segundos los cobardes. Unos se alejan de la virtud por exceso (los osados) y otros por escasez (los cobardes), no es demasiado difícil deducir de cuál virtud hablamos al señalar estos extremos: la valentía. Ésta es la primera de una serie extensa de virtudes necesarias para recuperar el arte del Banquete y la vivencia de la fiesta.

Por un lado, los osados extienden los vicios de la fiesta moderna, desacralizando su existencia con el exceso de alcohol, la falta de prudencia, lugares vulgares y la ausencia de diálogo. Por el otro, los cobardes hacen más honda la falta de relaciones humanas surgidas por la tecnología: comodidad con las reuniones en línea, el miedo al mundo, y el convertir a la salud en diosa[4].

¿Por qué la virtud como elemento del Banquete? En este punto ya no hablo sólo de la valentía para ser asistente del Banquete, sino de la centralidad de la virtud en la vida personal. Porque el fin de la virtud es la eudaimonía, y estoy seguro de que la felicidad del Banquete no se alcanzará en ninguna de las posiciones dominantes: el festejo moderno o el encierro miedoso. Entre estos dos existe el Banquete virtuoso, que nos enseña acerca del beber, el dialogar y el espacio para hacerlo, en el marco de las medidas de salud.

La salud: cómo hacer posible el Banquete

Los elementos del Banquete que se expresan en este apartado tienen como fin el enseñarnos el cuidado de la salud y, al mismo tiempo, hacer posible que celebremos la fiesta. Me centro en tres de ellos (aunque puede haber más) para dar establecer un punto de partida. Con ello pretendo que los veamos desde otra perspectiva y que seamos autocríticos con la forma en la que los hemos cuidado o descuidado en nuestras celebraciones.

a) El vino. Para el mejor de los Banquetes la bebida por excelencia será el vino. Sir Roger Scruton, en su obra Bebo, luego existo[5], desarrolla toda una apología para la defensa de la verdadera cultura del vino, la enseñanza en el beber de manera virtuosa, y la racionalidad en la elección de la bebida.Considero importante resaltar  la diferencia entre tragar y beber:  el trago representa lo que Scruton describe como la cultura del exceso; lo que quieren ellos no es gozar del vino, sino embriagarse en el vicio. Por eso la implementación de tapabocas en las reuniones me parece excelente para enseñar a beber, pues requerirá el esfuerzo de tener que quitarse y ponerse la mascarilla cada vez que se desee tomar.

b) El tema de conversación. En vez de pequeños murmullos y de escondernos detrás de nuestros usuarios en redes sociales como han hecho los cobardes en las redes sociales para difamar a los osados, podremos volver a tener diálogo. Un tópico central lleva a enriquecernos en una línea de pensamiento a través de la diversidad de argumentos que presentan los invitados y que nos llevan a reflexiones cada vez más profundas sobre algo concreto.

En este punto también defiendo la importancia del tapabocas y de la sana distancia; ayudará a que pensemos mejor antes de hablar, a que usemos un tono de voz moderado para que nos puedan escuchar los presentes de manera clara y a ser pacientes cuando alguien más está hablando.

c) Embellecer los espacios. El no poder convivir en espacios cerrados por un tiempo prolongado resalta la importancia de una necesidad que se había dejado de lado: el contacto con la naturaleza. Esto no es algo nuevo, ya los Antiguos conocían las maravillas de la conversación al aire libre. Pensemos en el Jardín de Epicuro o la Academia de Platón, todo ellos dialogaban al aire libre contemplando el cosmos. Hace unos días un amigo me visitó tomando todas las medidas de salud: tapabocas y la sana distancia. Para hacerlo más seguro decidimos platicar en el parque que hay cerca de mi casa; fue bastante ameno el respirar aire fresco, disfrutar el olor a tierra mojada, ver algunas mariposas monarcas y poder contemplar los rayos de sol a través de los árboles. 

Con estos tres puntos quiero evidenciar que el Banquete sigue siendo posible aún en esta pandemia; no es negarse a la sociabilidad por completo, ni a reunirse como si nada pasara: es la vía de la moderación. Las medidas de salud no deben ser una carga que nos aplaste y nos desmotive a celebrar la fiesta, sino al contrario, puede incluso ayudarnos a gozar nuevamente de lo que nuestros antepasados griegos llamaban el simposio. Creo que es algo que vale la pena intentar y saber que el banquete es hecho por y para el hombre, por lo que es nuestro deber luchar por él. En palabras de Octavio Paz: “el arte de la fiesta aguarda su resurrección”[6].

La invitación al Banquete

No hay certeza de que volveremos al encierro o no, pero creo que con la reflexión sobre el Banquete y la aplicación de las medidas de salud para su desarrollo vemos que es todavía posible su existencia en nuestra vida. Seguro nos costará tiempo adaptarnos y no será fácil al principio. Sobre todo esforzarnos por alcanzar la virtud será algo constante: debemos combatir los vicios que teníamos y los que hemos dejado surgir durante la pandemia. 

Esta es la invitación al Banquete que deseo extenderle a todos aquellos que aprecian los buenos amigos, los buenos vinos y el buen diálogo; que podamos experimentar un destello del paraíso después de la lucha por la celebración de la fiesta en estos tiempos de penuria. Me despido con el ánimo en alto por estas palabras de Chesterton: “The one perfectly divine thing, the one glimpse of God’s paradise given on earth, is to fight a losing battle – and not lose it.”

Bibliografía

  1. Hölderlin (1995). Poesía completa. Elegía: Pan y Vino. Ed: Ediciones 29. Barcelona.
  2. Pieper, J. (1979). El ocio y la vida intelectual. Ed: Rialp. Madrid.
  3. Aristóteles (1967). Ética Nicomaquea. Ed: Porrúa. México D. F.
  4. “Ya lo dijo Nietzsche: tras la muerte de Dios, la salud se eleva a diosa. Si hubiera un horizonte de sentido que rebasara la vida desnuda, la salud no podría absolutizarse de ese modo.” Han, B (2017) La sociedad del cansancio. Ed: Herder. 
  5. Scruton, R (2017). Bebo, luego existo. Ed. Rialp. Madrid.
  6. Paz, O (2018). El arco y la lira. Ed. FCE.

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