La prostituta irresponsable

Por Pedro Porraz Cortés

La responsabilidad es una de las cuestiones más humanas de toda reflexión sobre nosotros mismos. Se nos inculca desde pequeños, la queremos evitar en la juventud, e, idealmente, aunque no la mayoría de las veces, la asumimos en nuestra adultez.

Nuestras acciones tienen consecuencias, y estamos forzados a enfrentarlas; pero muchas veces buscamos un chivo expiatorio para que el golpe que nos merecemos no nos deje ni un rasguño.

La obra de teatro de Sartre, La puta respetuosa (1946), presenta una fuerte crítica a la irresponsabilidad en las personas, en nosotros. En la obra, Sartre nos muestra diferentes ejemplos de personas que buscan evitar las consecuencias de sus actos, y también, nos presenta un rayo de esperanza; un hombre que vagamente llamaríamos virtuoso. 

El conflicto es el siguiente. Lizzie, la protagonista, se ve obligada a tomar una decisión, o condenar a un negro inocente, o a un blanco culpable. El negro le implora que sea una mujer honesta y que diga la verdad ante el juez, mientras que los hombres blancos le ofrecen una recompensa si culpa al negro por el crimen de Thomas Clarke, un blanco de prestigio en la sociedad americana.

Los blancos mandan a Fred para poner a Lizzie al corriente; éste le pide que firme una declaración que acuse al negro de haberla acosado sexualmente, para así lograr que Thomas salga impune. Lizzie se niega a decir mentiras. Ante esto, el senador Clarke, tío de Thomas, le da un discurso alla Uncle Sam para convencerla de que lo correcto es condenar a un negro inservible, y salvar al americano cien por cien. Lizzie se ve obligada a firmar, por lo cual se sentirá enormemente arrepentida por unos momentos.

Días más tarde el senador regresa a agradecerle por su “ayuda”, le da cien dólares y se retira. Momentos después, el negro entra al cuarto de Lizzie y le pide que lo esconda. Lizzie trata de negarse, y confiesa que fue ella quien lo condenó; teme por su vida al pensar que el negro la estrangulará por tal traición, pero el negro, contra todo perjuicio, la perdona y le dice que muchas veces obligan a la gente a decir lo contrario a lo que piensa

Al final de la obra, el negro está escondido en el baño. Fred regresa al cuarto de Lizzie, discuten; Fred descubre al negro, trata de matarlo, el negro escapa; Lizzie amenaza con matar a Fred, éste le cuenta las hazañas de la familia Clarke, la tranquiliza, y le dice que la mantendrá en una colina en donde la visitará varios días a la semana para que le cumpla sus caprichos.

Es curioso que el título de la obra sea La puta… y no El negro… El negro es, claramente, el personaje principal de la historia; no hay un momento en toda la obra en el que no tengamos presente a este personaje, aparte de que es el único personaje vagamente virtuoso y auténtico en esta obra moralista. ¿Por qué es esto? A mi parecer, la obra se titula en honor de la prostituta porque el tema más importante es el dilema de la responsabilidad, y el personaje que mejor lo ilustra, causando con su irresponsabilidad la trama de la obra, es Lizzie, la puta. La virtud y  la autenticidad del negro son algo de segundo plano.

La obra ilustra muy bien cómo la gente actúa irresponsablemente buscando que algo o alguien más pague por sus pecados; los Clarke buscan evadir las consecuencias de haber matado a un hombre negro, y culpan a otro hombre negro; Fred acusa a la prostituta de su concupiscencia diciéndole que es el Diablo; y Lizzie culpa a su pulsera de serpiente porque trae mala pata.

Los personajes que nos dan la lección moral de la obra son Lizzie y Fred. 

Por un lado, Lizzie quiere volverse una persona responsable, pero no logra hacerlo. El peso de la responsabilidad se le hace demasiado como para enfrentarlo. Ante cualquier dificultad se dirige al brazalete diciendo ¡Todo es por tu culpa, porquería! y lo lanza; sólo para recogerlo y colocarlo nuevamente alrededor de su muñeca, como si estuviera esperando a que un príncipe azul derrote a su dragón celador. ¡Podría convertirse en su propio príncipe azul! Sin embargo, siempre se excusa diciendo que es peor no tenerlo, renunciando a la virtud que tanto anhela. Hay algo en ella … algo que su vida desordenada no ha podido destruir.

Por otro lado tenemos a Fred, quien se acuesta con una prostituta, duda de sus propias capacidades sexuales; culpa a Lizzie de ser una mentirosa profesional, y la tentación encarnada, ¡el Diablo!

 Al final de la obra, Fred regresa con Lizzie y nos muestra su incapacidad para la autenticidad; habla con orgullo de los logros de sus antepasados, y acepta que él ni siquiera logró matar al negro que tanto deseaba linchar. Al darse cuenta de su incapacidad como hombre, Fred regresa con Lizzie, la única persona que, por su irresponsabilidad y cobardía, podría ayudarlo a autoengañarse para verse como el Clarke que desearía ser. 

Estos dos personajes nos muestran las consecuencias de que busquemos un chivo expiatorio para culpar por nuestros pecados y malas decisiones. Nos muestran que lo único que conseguimos con esto es engañarnos a nosotros mismos, pretendiendo que lo que claramente nos ha perjudicado no existe, lo que nos vuelve viciosos y falsos.

Para evitar la falsedad lo que se debe hacer es aceptar que tenemos control y responsabilidad sobre nuestras decisiones en la vida, y no sobre el contexto en el que esa vida se desarrolla. Esto nos lo muestra la obra con el injustamente condenado hombre negro;el único personaje en toda la obra que, a pesar de las circunstancias, se vuelve dueño de sus propias acciones.

El hombre negro tiene un arco de personaje muy sencillo. Primero defiende a una mujer de depredadores sexuales, lo cual lleva a la muerte de su amigo y su persecución.  Busca evitar la condena que los blancos le imponen; huye, le pide ayuda a la víctima del crimen sexual, Lizzie, quien lo traiciona. Al darse cuenta de que ya no hay más opciones, el negro lo perdona todo, acepta su inevitable destino, y opta por salvarse a sí mismo; huye sin mirar atrás. 

Esta autenticidad, esta virtud, es lo que la obra, desde un segundo plano, quiere que veamos como lo más importante en nuestras vidas. 

La obra nos pone dos espejos con Lizzie y Fred, nos enseña a no esperar la salvación, y a no culpar al otro; nos condena y nos dice ¡sólo tú podrás salvarte! Pero no se queda allí. Con el negro nos enseña el primer paso hacia la virtud, a aceptar las consecuencias de nuestros actos y tomar el poco control que tenemos sobre nuestro destino.

Me parece que la enseñanza que como personas podemos sacar de la obra es que victimizarnos es de lo peor que podemos hacer en tanto tales. Si en verdad queremos comenzar a resolver nuestros problemas, si en verdad queremos algo mejor en nuestro mundo, debemos tomar éste primer paso, como el hombre negro, debemos aceptar nuestra desgracia, y responsabilizarnos.

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