Psicopolítica y neoliberalismo

Por José Luis Béjar

Mucho se ha hablado en tiempos recientes acerca del neoliberalismo, de sus bondades e injusticias intrínsecas y de hacia dónde es que deberíamos transitar para superar a este modelo. Es por ello que considero de suma relevancia retomar un escrito de Byung-Chul Han denominado “Psicopolítica”, en el cual el autor surcoreano reflexiona acerca de las implicaciones del neoliberalismo, profundizando en su aspecto personal en el contexto mundial contemporáneo. Quizás ahí podamos encontrar respuestas acerca de cómo dicho modelo ha moldeado nuestras vidas.

Chul Han relaciona padecimientos característicos de la sociedad contemporánea (como la depresión), con una clara y profunda crisis de la libertad, que explica de la siguiente manera: Hoy creemos que no somos un sujeto sometido, sino un proyecto libre que constantemente se replantea y se reinventa… El ‘yo’ como proyecto, que cree haberse liberado de las coacciones externas y de las coerciones ajenas, se somete a coacciones internas y a coerciones propias en forma de una coacción al rendimiento y la optimización [1]. Esto es, que hemos caído en un trance en el que nos autosometemos a una explotación insalubre y casi imposible de sostener física y emocionalmente, y lo más preocupante de ello es que lo hacemos sin que un factor ajeno o un tercero nos coercione a ello. El autor ve aquí uno de los ‘triunfos’ más profundos del neoliberalismo, afirmando: El neoliberalismo es un sistema muy eficiente, incluso inteligente, para explotar la libertad. Se explota todo aquello que pertenece a prácticas y formas de libertad, como la emoción, el juego y la comunicación [2].

El autor entiende al neoliberalismo como la etapa necesariamente subsecuente del capitalismo industrial, y remarca: El neoliberalismo, como una forma de mutación del capitalismo, convierte al trabajador en empresario… Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa [3]. De tal suerte que nos hemos convertido en nuestros propios empleadores y trabajadores, rindiéndonos cuentas y exigiéndonos en todo momento, como si fuéramos un ente ajeno y diferente a nuestro yo.

Para Han ‘la sociedad digital’ nos incita a usar -incluso abusar- de nuestra propia libertad. El Big Brother orwelliano ha entendido que no necesita ejercer mediante la fuerza física su capacidad de vigilancia de sus gobernados, sino que puede ‘cederles’ la iniciativa mediante medios de control psicopolíticos, que atienden a la emoción y, en ulterior instancia, a la psique. Encontraron en el panóptico digital a la mejor herramienta para el control y revisión de las personas, de manera que decidimos inconscientemente desinteriorizarnos y expresar un ‘algo’ que no comunica nada, que carece de narrativa y que imposibilita un verdadero estímulo mental y afectivo para las personas. En relación con esto, considero prudente añadir una cita del gran psicólogo alemán Erich Fromm: El derecho de expresar nuestros pensamientos, sin embargo, tiene algún significado tan sólo si somos capaces de tener pensamientos propios [4]. Esta  visión contrasta totalmente con la homogeneidad que se expresa (o se espera, por lo menos) en las redes sociales, donde ante la primera muestra de un pensamiento, argumento, proposición o ideal contrario, sale la masa irreflexiva a atacar y silenciar a aquellos que se atreven a pensar diferente a lo que se les ha impuesto.

Ahora, dentro de este esquema cabe preguntarse, ¿qué papel juega el poder y cómo lo hace? Chul Han escribe: El poder no se limita, no obstante, a quebrar la resistencia y a forzar a la obediencia: no tiene que adquirir necesariamente la forma de una coacción. El poder que depende de la violencia no representa el poder supremo… Cuanto mayor es el poder, más silenciosamente actúa [5]. Han Continúa explicando: El poder inteligente se ajusta a la psique en lugar de disciplinarla y someterla a coacciones y prohibiciones. No nos impone ningún silencio. Al contrario: nos exige compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias; estos son, contra nuestra vida. Este poder amable es más poderoso que el poder represivo [6].

Uno de los puntos centrales de la tesis de Chul Han es cómo las esferas de poder han cambiado completamente la manera de dominar a las masas y han comprendido un nuevo enfoque dirigido a la emoción. La misma velocidad a la que transcurre la vida en el mundo digital restringe al sentimiento y a su narrativa propia a la vez que estimula la exteriorización de emociones, que por naturaleza son efímeras y tienen un propósito diametralmente opuesto al del sentimiento. Se suprime la racionalidad, que representa en sí un obstáculo mayúsculo para aquellos en el poder, ya que ralentiza el proceso comercial; se sustituye a esta característica fundamental del hombre con la emoción, pues es volátil, manipulable e incita al consumo [7], que no viene sino a provocar una mayor disparidad entre aquellos que poseen la titularidad de los medios de producción y aquellos que somos simples consumidores.

Sobre el Big Data, Han expresa que La vigilancia digital es precisamente más eficiente porque es aperspectivista. No tiene la limitación que es propia de la óptica analógica [8]. De la misma manera, relaciona este concepto un tanto abstracto con la aplicación que le da el modelo neoliberal en cada persona, cuando dice: La creencia en la mensurabilidad y cuantificabilidad de la vida domina toda la era digital. El Quantified Self rinde homenaje a esa creencia [9]. Es así como cada uno se encarga de su autovigilancia, mediante apps, smartphones, smartwatches y demás dispositivos que nos miden en prácticamente todos los sentidos, y precisamente por dichas medidas y numeraciones nosotros tratamos de mantenernos en lo ‘normal’: lo que se ha impuesto como generalmente aceptado. Todos los aspectos de nuestra vida se vuelven cuantificables y, por lo tanto, comparables con los de cualquier otra persona. Se nos despersonifica y se nos individualiza para que seamos iguales a los demás en tantas cosas como lo logremos. Y seremos reprendidos en todo lo que no.

Se nos trata de controlar y vigilar, se nos impulsa a que nosotros mismos lo hagamos y se restringe el acceso a las formas de expresar la libertad que nos son inherentes en cuanto humanos. El poder disciplinario atiende a lo más superficial que tenemos para seducirnos y llevarnos a renunciar a todo aquello que nos dota de posibilidad de desarrollarnos en tanto seres racionales que somos, en pos de un modelo político-económico que busca explotar cada aspecto de nuestra existencia: las emociones, nuestra supuesta ‘libertad’, nuestra ludificación, nuestra satisfacción personal y laboral, entre muchas otras cosas. El panóptico digital se presenta como el medio idóneo para la consecución de estos fines, y estamos tan inmersos en la experiencia cotidiana que olvidamos analizar y vivir los acontecimientos, preferimos no pensar en el fondo de lo que hacemos y nos guiamos por una serie de normas que dictan lo que es socialmente esperado de nosotros, y, por ende, no solo lo que debemos aspirar a hacer, sino a ser.

Debido a todo lo anteriormente mencionado, me quedo con que una de las acciones más valientes que podemos llevar a cabo cotidianamente es comprometernos a pensar, a disidir, a formar nuestras propias convicciones y, lo más importante, defenderlas. Este texto, de alguna manera, es una invitación a usted, amable lector, a que tratemos de vivir un poco más ajenos al inmenso mundo digital que tenemos al alcance de nuestros teléfonos y computadoras, a vivir nuestras vidas en primera persona y no viéndonos como un ‘tercero’ en las redes sociales y, en general, en todos los medios digitales; a atrevernos a ser, pues, cada día más humanos.

Referencias

  1. C. Han. Psicopolítica. Págs. 11-12
  2.  Op. Cit. Págs. 13-14
  3. Ibidem. Pág. 17
  4.  E. Fromm. El miedo a la libertad. Pág. 232
  5. C. Han. Psicopolítica. Pág. 27
  6.  Op. Cit. Pág. 29
  7.  La generación de ‘necesidades’ y satisfacción de estas mediante transacciones crematísticas
  8.  Ibidem. Pág. 86
  9.  Ibidem. Pág. 91

Bibliografía

  • Fromm, E. (1941). El miedo a la libertad. Estados Unidos: Paidós. p. 232.
  • Han, B.C. (2014). Psicopolítica. Alemania: Herder. 

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