GRACIAS, GENERACIÓN 2020

Por María Julia Turner

Antes de entrar a la universidad, todos tienen un consejo que dar: papás, hermanos, abuelos, profesores, amigos, tíos, primos y, si te descuidas, hasta tus vecinos opinan. Si tienes suerte, recodarás dos o tres y llevarás uno a la práctica. Realmente nunca sabes qué te espera. Está bien. Una vida con spoilers sería muy aburrida. 

Ahora, me encuentro del otro lado del camino. Terminar una carrera universitaria trae consigo una extraña mezcla de sentimientos encontrados. Es como terminar una buena serie: estás feliz por saber cómo termina, pero temes lo que vendrá después. 

Como ocurre en cualquier historia, la universidad está llena de giros inesperados. Una materia que parecía terminantemente aburrida se convierte en la mejor de la carrera, y ese profesor de mirada irónica resulta ser el que más fe tiene en ti. Obstáculo tras obstáculo, los protagonistas fuimos creciendo. Si bien podía resultar monótono dar razones de nuestra elección profesional al inicio de cada materia durante ocho semestres, era interesante ver cómo los argumentos cambiaban. Pasamos de “quiero ser periodista” a “quiero defender la verdad a través del periodismo” y de “quiero dedicarme a la publicidad” a “quiero hacer que la publicidad mire a los clientes como personas”. 

Pero no hay una buena película sin un gran clímax. Cercano el final, tenía que llegar el momento culminante de la historia, en el que los protagonistas demostraran en quiénes se habían convertido durante el viaje. En nuestro caso, llegó con un rostro muy concreto y de un tamaño microscópico. 

Nuestro último día llegó y se fue sin que nos diéramos cuenta. Estuvimos en nuestra última clase con nuestra generación sin pensar que no regresaríamos al día siguiente. El mundo cambió de la noche a la mañana. 

Una vez, una persona me dijo que el verdadero carácter de las personas se manifiesta en la manera en la que afrontan los momentos difíciles. Por eso, no podría estar más agradecida con mis compañeros y profesores que, sin poder vernos directamente, me enseñaron una de las lecciones más importantes de toda mi vida: el “nosotros” saca lo mejor del “yo”. 

Ahora que ha terminado el semestre, puedo decir que el resultado no es solo mío, lo que lo hace más valioso. ¡Cómo ayudaba ver a los profesores, clase tras clase, esforzándose por terminar el temario de la mejor manera vía digital! A mitad de las sesiones, nos reíamos cuando un niño pequeño llegaba a preguntar a su mamá qué estaba haciendo, y en más de una ocasión nos conmovimos al ver cómo nuestros profesores pedían a ayuda a sus hijos para poder compartir su pantalla. Creo que esta es una de esas veces en las que solo puedes esperar que tres palabras expresen todo lo que te gustaría decir: gracias, por tanto.

Estos cuatro años, además, estuvieron marcados por distintos rostros y voces que ahora son parte de lo que soy. Por eso, quiero agradecer a cada una de las personas con las que compartí salón de clases. Codo a codo, examen tras examen, entrega tras entrega, los obstáculos no parecían tan insuperables al sentirte parte de algo mucho más grande que una mera calificación. Durante toda la carrera, fui testigo de cómo cada una y cada uno descubrían el valor del trabajo en equipo y de la confianza en el otro. Y, llegado el clímax de nuestra historia juntos, ver cómo se conectaban para las clases en línea (quizá con los ojos cada vez más cansados, pero con una mirada acrisolada por el esfuerzo) fue una de las principales razones por las que yo también prendía mi computadora para tomar una sesión más. 

El desenlace llegó y se fue más rápido de lo que podría haber imaginado. El clímax fue duro, pero tan apasionante –o tal vez incluso más– que la carrera en sí misma, pues me enseñó que mi generación (así como la de tantos otros que se graduaron este año) es capaz de cosas grandes porque sabe vencerse en las pequeñas. 

C.S. Lewis decía que las dificultades preparan a personas ordinarias para destinos extraordinarios. Esta historia ha llegado a su fin. Pero ¿quién sabe qué aventuras increíbles nos deparan? Es una suerte que no sepamos. Una vida con spoilers sería muy aburrida. 

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