Lo desconocido: el origen de una amistad

“Dadme un mundo -un mundo con relaciones- , y crearé materia y movimiento”

A. S.  Edington

Por José Francisco Pérez Martínez

Seguramente al ver la publicación del texto te preguntaste: ¿Este estudiante de licenciatura puede decirme algo que no sepa? Hay millones de personas que tienen cosas más interesantes que decir y existe una cantidad de libros que contienen  cada una de las palabras que están en este texto; pero, a pesar de las verdades previamente dichas, yo estoy plenamente convencido de que sí, sí vale la pena leer. No es que crea que lo que se pueda decir aquí sea novedoso, importante, o de relevancia académica. No vengo a traer un tratado, ni una investigación. Creo que, en cierta forma, vengo a dialogar con el lector para poder llegar juntos a lo desconocido. 

Para poder sacarle provecho al texto de un estudiante sin experiencia, necesitamos descubrir la maravilla del diálogo. El primer paso es, como dice Jordan Peterson en la novena regla de su libro 12 reglas para vivir, dar por hecho que la persona a la que estás escuchando sabe algo que tu no. Si seguimos la línea de Peterson podemos afirmar junto con él: Lo desconocido es mejor que lo conocido (2016). Nuestra vida no es tan perfecta como para atestiguar que nuestro conocimiento basta para realizarnos, para ser felices. No podemos negar que a todos nos faltan cosas por conocer y cualquier oportunidad es muy valiosa para aprender algo nuevo; aunque sea solo un texto de opinión. Lo desconocido se vuelve nuestro aliado para sobrevivir al caos, para abrirnos a conocer de la mano de alguien más un universo nuevo. De nosotros dependerá la apertura que tengamos. 

Y ¿Qué tan abiertos estamos al diálogo? Como personas tenemos una llamada interior a la conversación. El sociólogo, Pierpaolo Donati, propone como máxima de su teoría lo siguiente: «al principio (de toda realidad) hay la relación». En otras palabras, la relación social es la causa de lo social. Nos deja claro el carácter social de la persona. Ya que el hombre es un ser relacional, tiene inclinación al diálogo. Podríamos incluso ver al diálogo como un hecho social, con sus distintas manifestaciones a lo largo de la historia. Así, en lo constitutivo de la persona está la relación. En lo constitutivo de toda relación está el diálogo. 

Digamos que para que exista el diálogo tiene que haber ciertas condiciones. La primera de ellas es la donación. Cada uno de los participantes tiene que dar algo de sí, su opinión, su punto de vista, sus creencias; y en cuanto es más íntima esta entrega, más valor tiene. Luego requiere de aceptación, alguien que esté dispuesto a recibir el mensaje. Se requiere la voluntad de darse y la voluntad de recibir. Y, como suele suceder en muchas realidades humanas, esta relación da vida a una realidad completamente nueva: al don. En el matrimonio podríamos decir que el don son los hijos y, en la amistad, el apoyo mutuo, por poner un ejemplo. En el diálogo, el don, es una realidad distinta, casi imperceptible.

Al hablar de los regalos que trae consigo una plática amena con tus amigos, podemos pensar en muchas cosas. Es una realidad tan amplia que tiene una infinidad de resultados. Desde la generación de la propia amistad, el pasar un rato agradable con ellos, e inclusive los propios alimentos que hay de por medio. Pero el  don que buscamos en este diálogo, es lo que buscábamos al principio, el conocimiento. La aventura para encontrar el conocimiento nace de dos almas inquietas, que saben que, con la ayuda del otro, pueden descubrir algo nuevo: un mar sin orillas, tesoros que sólo pueden ser contemplados entre dos.

 Sin estas premisas, sería casi imposible sostener un diálogo fructífero con alguien. Debemos de convencernos de que no vamos a convencer, ni vamos a imponer; vamos a dar y a recibir, vamos a crear. Así se comprende un debate en el cual,  ninguno de los debatientes termina humillado, sino que los dos ganan. Así se explica la exigencia del profesor que, antes de pedir una biblioteca más grande en la universidad, exige un bar. Así comprendemos que la amistad sea fructífera y la existencia del amor. 

Gracias al diálogo descubrimos nuevas realidades. Descubrimos que hay mundos más hermosos  que en los que estábamos inmersos, que existe música que no conocíamos, una nueva serie que ver e incluso el simple hecho de conocer al otro un poco más,  es suficiente. Negarse a mirar al otro, negarse al encuentro, es negar nuestra humanidad. Es cerrarnos a la verdad.  Es convertirnos en el anti-Sócrates y tener como slogan de campaña: Yo solo sé que lo sé todo. 

Ahora podemos darle respuesta a nuestra pregunta inicial: ¿Este estudiante de licenciatura puede decirme algo que no sepa?  Si nos cerramos al diálogo, no. Si abrimos nuestra intimidad, puede ser que sí, y que descubras nuevos horizontes. Por lo menos ya sabes un poco más del pensamiento de este estudiante universitario. 

 

Un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s