La democracia de la 4T

Por Edith Fernanda Gallardo Garzón

Hace días el presidente criticó a un futbolista, una cantante y un comediante por tener participación política, por opinar sobre los asuntos ciudadanos. Justificaría esta crítica si ellos no fueran ciudadanos mexicanos, pero sí lo son. Independientemente de si viven o no en el país, son mexicanos y tienen todo el derecho, me atrevería a afirmar que incluso la obligación, de involucrarse en los asuntos de su país. Así como ellos tienen este derecho, todos los mexicanos tenemos también esta obligación de participar en los asuntos de nuestro país. La participación ciudadana es siempre importante: sin ella no es posible la democracia.

La democracia, el poder (kratos) del pueblo (demos), significa e implica que los ciudadanos participemos del gobierno del país. ¿Por qué un presidente que reclama los votos que los ciudadanos le habían otorgado ahora pretende quitarles la voz?; ¿por qué si pretende quitarle la voz a los ciudadanos busca hacer unas votaciones de revocación de mandato? Parece algo contradictorio, tal vez lo sea, tal vez no. En mi opinión, con estas votaciones, no constitucionales además, buscaba la re-aprobación del pueblo, algo que ahora se ve poco probable. Independientemente de si las votaciones son constitucionales o no, lo importante es salir a votar. 

Es importantísimo tener participación ciudadana y que se conozca realmente lo que el pueblo opina; que cada quien haga lo que le toca, por mínimo que parezca pues, a fin de cuentas, la unión hace la fuerza. Hay que involucrarnos en la política mexicana, sobre todo porque se jacta de ser democrática, de ser de todos y para todos. Aunque nos consideremos completamente ajenos a ella o nos parezca algo aburrida, a todos nos afecta. La política no es para que los servidores públicos aprovechen para servirse a ellos mismos y ya, todo lo contrario: ellos son los servidores, están ellos para servirnos a nosotros, el público mexicano.

Me parece triste ver como la política se ha convertido en un espacio de fanfarronería, un espacio elitista y egoísta. Todo lo contrario a lo que pretendía ser en sus inicios griegos: un espacio de donación, en el sentido de que los gobernantes donaban su tiempo para ayudar y llevar la polis (ciudad-estado) al desarrollo y así conseguir el bien común. Considero que México sí tiene en el poder a gente que podría donar su tiempo, en tanto no tiene la preocupación diaria de cómo va a sobrevivir y cubrir sus necesidades, sin embargo esa misma gente, en general, no tiene esa actitud de donación en aras del bien común. 

Me llama la atención que AMLO parece tener una gran consideración por los que más necesitan apoyo y respaldo tanto político y social como económico, ignorando su amistad con miembros del cártel de Sinaloa y otras personalidades de este estilo. Por otro lado, también ignora lo que es el bien común. Considero que su estrategia es revanchista, por lo que el interés social queda en segundo plano. Si el interés social fuera prioridad, los programas sociales no habrían sido cancelados, al menos habrían sido reemplazados, y la iniciativa privada no estaría tan relegada. Me parece que el problema ha sido la exclusión de la fuerza económica del país, de quienes tienen el capital para realizar estos programas de ayuda social. Es importante reactivar la economía para poder ayudar a quienes más lo necesitan, económicamente hablando.

Por otro lado, me parece importante replantearnos cómo ser más solidarios. Creo que los programas sociales no son suficiente, es cierto que hay demasiada pobreza y gente sufriendo necesidad diariamente. En un foro para reflexionar sobre las cuatro transformaciones de México, Virginia Aspe, doctora en Filosofía, dijo que sí hay que revertir la pirámide socio-económica en México, algo que la 4T busca hacer (en cierto sentido), pero que esta inversión no implica la confrontación y el recelo entre las personas, sino el apoyo y convivencia. En otras palabras, nadie debería pasar hambre, me parece que a esto se refiere Aspe con la inversión de la pirámide, a que todos tengan las mismas oportunidades de comer, vestirse, vivir dignamente y salir adelante. Tenemos que evitar la estructura emanacionista que rige al país, que los privilegios no se queden en los niveles “superiores”, sino que lleguen a todos los niveles.

México es un país con mucha riqueza que sufre de pobreza extrema por el egoísmo latente en la sociedad. Hay que proteger de los nuestros, dejar atrás rencores e ideologías para preocuparnos por lo verdaderamente importante: las personas. Los mexicanos hacemos a México y tenemos la obligación de involucrarnos en la política de nuestro país. Tenemos que opinar, votar, ser verdaderamente críticos. Llevar nuestras buenas intenciones a la acción. Hay que participar todos los ciudadanos en la solidaridad, en la filantropía, al punto que se nos dé natural ayudarnos los unos a los otros, una propuesta de Aspe que considero importantísima. Tenemos que demandar la mejora del gobierno y del país, pero para eso hay que mejorar nosotros e involucrarnos activamente, no sólo quejarnos. Hay que construir juntos, no destruir cada seis años para empezar de cero otra vez.

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