Encerrados y desinformados

Por Juan Carlos Puebla Pavlovich

Para los autores de la desinformación el encierro es un arma muy poderosa. Por la pandemia, los medios de comunicación y las redes sociales adquieren un papel primordial en nuestras vidas. Aprovechan dos circunstancias que nos hacen vulnerables a los engaños: el pánico y la imposibilidad de visualizar la realidad tal como es. La necesidad de entender qué está sucediendo en el exterior se refugia en los medios digitales. El problema es que en tiempos de crisis la desinformación aumenta y es más convincente a través de estos medios.

Las preguntas que nos planteamos cuando pensamos en noticias falsas difundidas sobre la pandemia son: ¿por qué alguien haría eso?, ¿quién sería capaz de aprovecharse de una tragedia como esta? La primera pregunta es fácil de responder; la principal razón es que con la difusión de notas falsas algunas personas se benefician. Al inicio de la pandemia, El País, publicó un reportaje, titulado, “¿A quién beneficia la avalancha de bulos sobre la desinformación?”. El reportaje explica que detrás de cada noticia falsa hay un grupo de interés que busca beneficios. Estos grupos son personas que quieren desestabilizar una democracia o un sistema económico, o personas que sólo buscan más clics en sus plataformas digitales para generar mayor tráfico y lucrar con ello. El ejemplo más claro de la desinformación en tiempos de crisis está caracterizado en la figura de Donald Trump. Él es un gran conocedor y divulgador de noticias falsas para su beneficio, puesto que utilizó esta estrategia para llegar a la presidencia. El actual bulo que Trump no se cansa de difundir tiene como objetivo culpar a China. El presidente de Estados Unidos aprovecha la irrupción del virus para criminalizar a China por la crisis mundial, sus colaboradores cercanos se han atrevido a afirmar que el virus pudo ser creado por un laboratorio chino para desestabilizar al mundo. Lo que el equipo de Trump logra con este embuste es inculpar a China y tener el pretexto suficiente para endurecer su guerra comercial en contra de ellos. El presidente de Estados Unidos ve esta crisis como una carrera por la economía mundial: quien mejor se libre de la pandemia puede que sea el próximo líder económico en el mundo. 

La segunda pregunta es difícil de responder porque en la mayoría de las ocasiones es imposible rastrear el origen de gran parte de las noticias falsas creadas gracias al anonimato que facilita el internet. Lo importante es tener claro que en momentos de crisis se presentan muchas oportunidades para ciertos grupos de interés que son capaces de realizar cualquier acción para beneficiarse. Siempre que recibamos información hay que tratarla con cautela, nuestra herramienta más eficaz es contrastarla en distintos medios. En este tiempo de inestabilidad somos más vulnerables porque las notas falsas apelan a la emotividad, tratan de explicar cuestiones que nos urge entender por el pánico y miedo que sentimos. Normalmente la temática de esa información recae en temas como la proveniencia del virus, la cura de éste, la situación en los hospitales del país, la cantidad de ventiladores que se tienen, entre otros.  

En México y en países sin un buen sistema de datos en el sector salud, el fenómeno de noticias falsas es más preocupante. Nos encontramos en una situación sin posibilidad de acceder a datos confiables sobre la pandemia. Nuestra principal fuente de información es gubernamental. La centralización de la información genera un problema universalmente conocido en el gremio periodístico: todo dato o explicación proveniente de fuentes estatales sin posibilidad de revisión o verificación no es de fiar. El célebre y polémico periodista polaco, Ryszard Kapuscinski, describe esta verdad al narrar, en una entrevista realizada por Ricardo Cayuela para Letras Libres, la razón por la cual se negó a cubrir la guerra en Irak. El afamado periodista explicó: “no me interesaba este tipo de cobertura que depende sólo de los boletines del estado mayor. Así no hay periodismo posible, ya que no hay forma de saber sobre el terreno en qué medida esa información refleja o no la realidad”. 

A causa de la falta de información existente sobre la pandemia en el país, los periódicos no tienen forma de contrastar los pocos datos que da a conocer el gobierno federal. Los medios nacionales e internacionales no pueden ni siquiera insinuar que el gobierno federal está difundiendo información falsa con intencionalidad, esta afirmación no está sustentada, pues no existen los suficientes datos para hacerlo. Las notas publicadas por El País, The New York Times, Washington Post y Wall Street Journal no tienen fuentes reveladoras sobre la situación de la pandemia en el país. Lo único que muestran estas notas es lo que ya sabíamos: nuestra estimación sobre la pandemia es irregular y poco precisa; la capacidad de diagnósticos del país es baja; etc. La gran aportación que hacen al afirmar que en México es imposible tener datos cercanos a la realidad sobre la pandemia es cuestionar al poder. Los medios logran preguntarle al gobierno federal directamente: ¿en qué medida la información que aporta el Estado refleja o no la realidad que vive el país por la pandemia? A través de este cuestionamiento se obliga a los gobernantes a responder, por lo que se genera la posibilidad de conocer mejor la realidad. El Estado se ve forzado a ser más transparente ofreciendo una mejor explicación de la información que otorga. De hecho, a raíz de los reportajes publicados por la prensa extranjera, López Gatell explicó con mayor transparencia el sistema de recolección de datos. Se desarrolló un poco más el diálogo con la prensa.

La gran desventaja es que ese diálogo fue superficial. López Gatell cayó en el juego de López Obrador y no se limitó a tratar de explicar con transparencia la información que han obtenido. El error del Subsecretario de Salud se encontró en hablar despectivamente de los medios extranjeros, pues osó en insinuar una batalla ideológica orquestada por actores nacionales con influencia internacional para desprestigiar al gobierno federal. El gobierno de Andrés Manuel naturalmente actuará así, lo técnico y exacto es secundario para ellos. Nunca les han importado los datos. Este gobierno es pastoral, prima sobre ellos demostrar la fuerza moral de su líder y motivar a su rebaño a seguir el buen camino. López Gatell entiende que no sólo debe demostrar sus conocimientos técnicos sobre epidemiología para enfrentar esta crisis, sino también sus habilidades pastorales como un miembro más de esta cuarta transformación.

En estas circunstancias los mexicanos nos encontramos ante una gran incertidumbre de información, todo el mundo enfrenta la misma situación en mayor o menor medida. No hay muchas opciones para contrastar la información falsa que se nos pueda presentar. Hay que ser críticos con el New York Times, con López Gatell, con José Narro, pero sobre todo con las redes sociales porque se pueden esconder en el anonimato y generar bulos sin consecuencias. No digo que nos convirtamos en unos escépticos, hay verdades fundamentales que ayudan a combatir la pandemia que debemos seguir si queremos proteger a otro, la más evidente de ellas es: lavarse las manos constantemente. En lo que sí nos podemos convertir es en personas más críticas que no beneficiemos a los intereses de aquellos que aprovechan las crisis para manipular a la opinión pública a través del engaño. 

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