La civilización de Vargas Llosa

Por Elías Álvarez Mota

Es hasta las últimas páginas de La civilización del espectáculo (Punto de Lectura, 2015) que Mario Vargas Llosa explicita cuál es la pregunta que lo motivó a escribir este ensayo: «¿por qué la cultura dentro de la que nos movemos se ha ido banalizando hasta convertirse en muchos casos en un pálido remedo de lo que nuestros padres y abuelos entendían por esa palabra?» (p. 199) La respuesta a la pregunta, al menos para el peruano, es compleja, y esto se ve en la plétora de temas que aborda el texto.

El molino de nuestro Quijote es la civilización del espectáculo, una sociedad en la que la tabla de valores encuentra su primer lugar ocupado por el entretenimiento. Esta civilización banaliza la cultura¹ (p. 34) pues erosiona (hasta eliminar) el rol de base de movimientos sociales, económicos o religiosos que tiene la cultura, y la termina transformando en un mero resultado de estos fenómenos. Lo que hoy llamamos cultura no lo es más, pues si el contenido de la cultura es tal que cualquiera puede justificadamente creer que es culto, entonces la cultura, que por definición es excluyente, deja de ser. (p. 66).

Erotismo, política y religión —tratados tanto víctimas como victimarios del declive cultural que se vive— son tan solo algunos de los temas tratados en el texto. En sus más de doscientas páginas nos vemos sumergidos en las reflexiones sobre lo que es la cultura, de uno de los hombres que más ha hecho por esta en el último siglo. Las constantes referencias a otros autores (Foucault, Eliot, Debord, entre otros), a happenings artísticos o políticos, y sobre todo el carácter reflexivo del texto vuelven a La civilización del espectáculo un obligado para todo aquel que estudie el tema, mientras que la genial pluma del arequipeño hacen del texto un perfecto comienzo para todo aquel que recién se inicie en el tema.

Vargas Llosa cree que si un texto tiene la pretensión de ser algo más que puro entretenimiento, y así superar a la civilización del espectáculo, debe de hacer pensar, ¿La civilización del espectáculo pasa la prueba? Esta respuesta se la dejo a usted.


¹ Una realidad autónoma [de la vida económica y social], hecha de ideas, valores estéticos y éticos, y obras de arte y literarias que interactúan con el resto de la vida social y son a menudo, en lugar de reflejos, fuente de los fenómenos sociales, económicos, políticos e incluso religiosos (p. 25). 

 

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