¿Para qué Poetas en un tiempo de Penuria?

Por José Francisco Pérez

Encierro, estar en casa. Netflix, ver películas. Ocio… 

Hace unos días vi en mi casa la película de Disney Pixar, Ratatouille. Tengo que admitir que cuando comenzó me arrepentí de haber elegido Ratatouille y no Hércules. Mi decisión fue rápidamente recompensada, Disney no me defraudaba. No habían pasado ni veinte minutos cuando, de manera impresionante, la película me atrapó, secuestró la atención que no estaba dispuesto a prestarle. 

Hay un diálogo en la película, que a mí me gusta considerar filosófico,  entre el protagonista, una rata, y su hermano, una rata también. En el diálogo, el protagonista,  ante su evidente admiración hacia los humanos, dice: they don’t just survive, they discover, they create. Just look at what they do with food. Impresionado por la habilidad de los hombres para cocinar, la rata con un sentido del gusto súper desarrollado, hace –con la sabiduría de un filósofo— una declaración que ningún otro animal sería capaz de hacer.

They don’t just survive. El hombre no solo sobrevive. Es una realidad evidente y muy trascendente. Esta cualidad está relacionada con nuestra evolución. Si hubiéramos evolucionado por sobrevivencia, nunca hubiéramos cocido nuestra comida. No era necesario calentarla pero abría puertas a nuevas posibilidades, duraba por más tiempo y, además, sabía mejor. Renunciábamos a lo instantáneo para ir más allá. Los animales, por su parte, no tienen visión a futuro como el hombre. No son capaces de dejar de lado la supervivencia por un rato para ver s allá. El hombre vivía para el futuro y no para el ahora, guardaba comida para su familia, desarrolló la agricultura (un trabajo que requiere tiempo), incluso nosotros, dejamos pequeños placeres para buscar un bien mayor.

They discover, they create. El hombre crea. Aquí aparece otra cosa que nos diferencia de las ratas, la técnica. La técnica también tuvo un papel importante en la evolución del hombre. El uso de las herramientas, el descubrimiento de los materiales, la mano. La mano es una parte importante en el humano. La mano nos permite tener técnica, nos permite dar, nos ayuda a trabajar y a crear. Nos permite hacer trampas para los ratones que se entrometen en nuestras cocinas y también preparar los más deliciosos platillos. De hecho, hay un momento en la película en que la rata empieza a caminar erguida, mostrando que la rata que camina en dos patas tiene las manos libres para hacer.

La rata se da cuenta de que es diferente a los humanos. Elogia la gastronomía. Pero no es cautivada solo por la comida; lo que lo vuelve loco es la capacidad del hombre de ir más allá. Just look at what they do with food. No es que la comida simplemente sea buena, es que, en cierta forma, adora el arte que está detrás. El resto de las ratas solo comían basura, pero nuestro protagonista buscaba algo más, algo valioso. Las ratas se daban cuenta de que no era necesario buscar comida buena, con que se pudiera comer, pero nuestra rata humana se enamora de lo que no es necesario, se enamora del arte.

La técnica es radical en el hombre, crucial, esencial. No hay hombres sin ella. La técnica, combinada con la capacidad del hombre de ir más allá, dio paso a lo innecesario. No es necesario que el artista pinte, no es necesario que existan los museos, no es necesario que la gente cante, no es necesario que un chef se esmere en hacer que la comida sea deliciosa. La técnica dio paso al Arte. Dio paso a los poetas.

¿Para qué poetas en un tiempo de penuria? Al ver esta pregunta en el poema del artista alemán Hölderlin, nos llega a la cabeza, o por lo menos a mí, una respuesta clara: We don’t just survive. Nosotros no solo sobrevivimos. ¡Para qué poetas, músicos, pintores, artistas! ¡Para qué el Arte! ¡Para qué hacer  de la comida un gozo y de la bebida un placer! ¡Para qué la fiesta! ¡Para qué los amigos! ¿Para qué poetas en tiempos de penuria? Para poder ser más humanos y no simples ratas que buscan entre la basura lo suficiente para sobrevivir.  

El Poeta es el salto de lo justo al amor. El poeta es la rata que cocina. Lo justo sería que todos tuvieran lo suficiente para vivir. En este caso, no serían necesarios los amantes, los artistas, los poetas. Solo necesitaríamos lo justo para que todo salga bien, pero nos falta el amor, lo que no tiene por qué estar ahí pero lo está. En lo innecesario encontramos el amor, lo que nos mantiene vivos. Todos los hombres sabemos que una mujer puede abrir la puerta del coche pero es justo eso lo que le da valor, que no es necesario. La tierra gira con sus respectivos movimientos de rotación y traslación, pero no es necesario que los atardeceres sean hermosos. Todos sabemos que no es necesario que la comida sepa deliciosa pero, si una rata fue capaz de darse cuenta de que valía la pena, ¿por qué nosotros no?

Solo necesitamos eso, detenernos a mirar las cosas innecesarias que nos da la vida. Hacer cosas sin razón, porque son valiosas por sí mismas, es dejar de ser una rata que mendiga basura, para ser un hombre que come en los restaurantes más finos de Francia. En nuestra casa, en estos días de cuarentena, podemos ser esos poetas en tiempos de penuria. Esas ratas que comen finamente. No es necesario, ni justo, pero es hermoso. Dejemos de sobrevivir y vivamos de verdad. Démosle el valor a los pequeños placeres de la vida, al arte, a la poesía, a la música, a la bebida y a la comida. Contemplemos las obras, la buena música –esa que te hace bailar—, un buen libro que nos devuelva del estrés y una poesía que nos alegre el tiempo de penuria. Y ahora, intenta hacer en tu casa tu platillo favorito, esa comida que tanto añoras y poco mereces; ya lo dijo el buen Chef Gusteau: ¡Cualquiera puede cocinar!

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