El Presidente Neoliberal

Por Maurizio González

Desde los inicios de la campaña por la presidencia actual, AMLO se empeñó por hacerle la guerra a un pensamiento económico que surgió en las últimas décadas del siglo pasado: el neoliberalismo. Aquel sistema que provocó todos los males que México tiene. Aquel que corroyó el servicio público, la sociedad, la familia, que incluso desató olas de violencia generalizada y hasta de género. 

Esta escuela de pensamiento surge como continuidad del liberalismo clásico, impulsado por Friedrich Hayek, y que tuvo a Milton Friedman como su líder a mediados del siglo XX. Su objetivo económico era la privatización de la economía, reducción de la participación del gobierno como actor y regulador del sistema, programas de austeridad, políticas económicas cíclicas, etc. todo con el fin de promover el libre mercado, mientras que la única función del gobierno sea mantener el estado de derecho, los derechos de propiedad y contratos, con el fin de que el mercado tenga las condiciones adecuadas para llegar a sus fines. 

Queda claro entonces, que, un gobierno contrario al neoliberal, como el de AMLO, tendría inversiones importantes en obra pública, programas para impulsar la economía, políticas contra cíclicas, etc. curiosamente no ha sucedido eso sino lo contrario. Su administración no ha aumentado el gasto público, sino que lo ha reducido, incluso en salud (como porcentaje del PIB); tomó una postura austera para reducir el tamaño del aparato público; está negado a realizar una política económica contra-cíclica en una recesión; y, por si fuera poco, ha dejado a la mayor parte de la economía a su suerte, en contra de toda recomendación internacional de reducir gasto en obras públicas para destinarlo en amplios programas de apoyo financiero a empresas que lo necesiten; entre otras cosas que no son ajenas al sistema que ha profesado como enemigo de México.

De este modo, surgen dudas sobre las diferencias entre lo que dice y hace el presidente y sobre cuáles son sus verdaderos objetivos políticos y económicos para el país, ya que sus decisiones de política pública van acorde a lo que la teoría neoliberal propone. Así, es evidente que esta lucha ideológica del presidente no es más que una narrativa política basada en mentiras. Es una estrategia para ponerle un sólo nombre a políticos y partidos que le precedieron y de los que los mexicanos estábamos hartos, a sabiendas de que el modelo económico que usaron no era malo por sí mismo sino por los mecanismos usados con malas intenciones.

Por todo lo anterior, se puede concluir que tenemos un presidente con una clara preferencia por el neoliberalismo para manejar al país. Que, a pesar de no ser perfecto, él sabe que tiene las mejores herramientas para sacar a adelante al país y para reducir la pobreza (un tema para después). 

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