El cielo no ha cerrado

Por Alejandra Aguilar

Las noticias más importantes nunca aparecen en las tendencias de Twitter. No las manda la tía por WhatsApp en la mañana ni las dice Ciro por la noche. Las noticias más importantes muchas veces tienen que ver con biotecnología, con arte y a veces, (acabo de caer en la cuenta de que son las que más me interesan) tienen que ver con la gente y con el cielo.

No me había dado cuenta de que estas noticias me interesan mucho más que los temas económicos hasta que ayer dejé de hacer lo que estaba haciendo cuando un amigo me contó que había estado incomunicado porque había caído un rayo en su casa. Esa pasó a ser la gran noticia. Por primera vez fui consciente de que cuando yo me entero de esta clase de información, inmediatamente me olvido del tipo de cambio. Y es que la explicación sobre por qué es más probable que caiga un rayo justo en la antena y no en cualquier otro lado es mucho más interesante que cualquier fluctuación cambiaria. 

La verdad no siempre actúo conforme a este orden de prioridades. Pido disculpas por mi comportamiento de los últimos días: la otra vez me encontré queriendo explicar, citando a Girard y a Bacon en la misma frase, el porqué del precio negativo del petróleo. Así, como si no se hubiera dicho suficiente sobre refinerías. 

Había estado fingiendo cuando daba mi opinión sobre la calificación de la deuda de Pemex, la verdad es que no tengo ni idea y no me interesa tanto. De hecho, me inquieta mucho más saber si podré ver el asteroide que pasará cerca de la Tierra la próxima semana que los efectos de la pandemia en la recaudación del IEPS en el 2021. 

Hoy confirmé este comportamiento extraño. Descubrí que si me mandan el vigésimo segundo video del día de mi sobrina dormida al mismo tiempo que están anunciando los casos confirmados diarios, siempre y sin pensarlo dos veces, voy a preferir ver el video de una bebé, que por cierto no ha hecho nada distinto desde que nació. 

¿Qué me pasa? ¿Por qué si están las cosas como están, prefiero jugar basta virtual en lugar de discutir el Decreto de Austeridad que se acaba de publicar en el Diario Oficial? ¿Por qué me asombra más el arte que el mercado justo ahora que es cuando más atenta tendría que estar a la tasa de interés? ¿Por qué si parece que todo va a acabar mal, sigo felicitando los cumpleaños? ¿Es que todavía hay algo que conmemorar? 

He visto que no soy la única que padece esto. Supe de alguien que se emocionó más con una llamada de un viejo amigo que con la posibilidad de que Fitch mantenga una perspectiva estable de México. 

¿No será que si actuamos así en estas circunstancias, es porque hay algo bueno por naturaleza que no tiene que ver con asuntos económicos? ¿No será que más allá de la crisis, hay otros fenómenos interesantes? ¿Será que se hace evidente que las alternativas de algunos temas fundamentan la aceptación del mundo y de la existencia?

Han habido bodas, festejos, nacimientos y conciertos. En una palabra, ha habido contemplación. Si entre todo esto, somos capaces de reconocer el bien, estamos sosteniendo, consciente o inconscientemente, que nuestra vida es algo bueno, que nuestra llegada al mundo es valiosa y merece la pena.

El que los medios para disfrutar del ocio resulten tan accesibles y que celebrar algo no presente tanta dificultad a pesar de cómo marchan hoy las cosas (que no equivale a cerrar los ojos al sufrimiento y al mal), implica la convicción de que el mundo es bueno en su constitución fundamental.

Sin pasar por alto la gravedad de la condición de salud que muchos viven, tanta canción por Zoom, tantas reuniones y tantos ánimos son evidencia de que seguimos celebrando la existencia de algo que nos presenta un panorama novedoso todos los días. A esto se refería Pieper cuando decía que dondequiera que las artes se nutran de la contemplación festiva de las realidades universales y sus fundamentos, allí acontece una liberación: una salida a campo abierto bajo un cielo infinito.

Sí, ver algo tan grande como el cielo nos sugiere que no es un virus lo que guía al mundo. La nota no está en la pandemia, la nota está en quien la vive. No son las ciencias de la salud ni las ciencias económicas las que le dan sentido a la humanidad. Las posturas que intentamos defender frente al problema son necesarias, pero no significan tanto comparadas con la historia del hombre. Al final, es la contemplación la que da respuesta a la tarea más importante que hemos de realizar: nuestra propia vida. 

Ayer que me contaron lo del rayo, recordé que me gusta ver el cielo y, sin embargo, he pasado mucho más tiempo viendo gráficas exponenciales que nunca en mi vida. Se me había olvidado que allá arriba no hay fake news, ahí está toda la grandeza, toda la ciencia y están todas las respuestas. 

Por fortuna, siempre lloverá, pasará un asteroide o caerá un rayo que dará nuevamente la noticia más obvia: el cielo no ha cerrado. Y aunque casi nada esté abierto, si el cielo no ha cerrado, encontraremos el sentido. 

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