La historia más apasionante

Por María Julia Turner

Todas las grandes historias son un viaje. 

No estoy pensando solo en los viajes al estilo J. R. R. Tolkien, con elfos y dragones. Víctor Hugo también es un gran creador de viajes. En Les Misérables (1862), Jean Valjean no atraviesa montañas y ríos con una misión para salvar al mundo. No obstante, el viaje es extraordinario, con un destino particular: lo lleva hacia su propio interior. A lo largo de la historia, el personaje mantiene una tensión por descubrir quién es  y hacia dónde va. 

Al inicio del viaje, Valjean queda en libertad, pero no es libre. Va hacia donde quiere, pero se siente atado a lo que ha sufrido. El personaje que llega al final del camino es Jean Valjean (y probablemente lo es mucho más que al principio). El personaje que llega al final del camino es un hombre feliz. Pero su viaje no consistió en huir del sufrimiento; si la felicidad se redujera a la ausencia de dolor, se convertiría en un ideal bonito… y totalmente inexistente.  

Las historias son ventanas a las verdades más fundamentales del hombre. En las grandes narrativas, descubrimos puntos esenciales de la naturaleza humana y damos pasos en la respuesta a las grandes preguntas que nos hemos hecho durante siglos. Por tanto, no me parece muy errado acudir a ellas en los momentos difíciles que vivimos.

Mi profesor de guión siempre nos gritaba –sí, gritaba– la misma frase: Sin conflicto, no hay historia. Sin Voldemort, no hay Harry Potter; sin Bruja Blanca, no hay Narnia que salvar. ¿Qué tendría de emocionante una historia centrada en la destrucción de un anillo si Frodo y Sam hubieran encontrado un camino dorado cubierto de arcoíris y lujosos hoteles en cada esquina?

Robert Mckee sabe de estas cosas. Experto en guionismo y estructura narrativa, Mckee ha sido profesor de figuras como Peter Jackson (director de la trilogía El Señor de los Anillos) y Andrew Stanton (guionista de Toy Story, Bichos, WALL-E y Buscando a Nemo). En su libro más conocido, Story: Substance, Structure, Style, and the Principles of Screenwriting (1998), afirma que el carácter verdadero de un personaje se revela a través de las decisiones que toma bajo presión. Es decir, un personaje se da a conocer (y yo me atrevería a decir que se conoce a sí mismo) mediante las decisiones que toma cuando se encuentra ante alguna dificultad; entre mayor sea la dificultad, mayor profundidad tendrá el conocimiento. 

Por lo tanto, sin conflicto, no hay historia. Sin conflicto, el personaje no puede avanzar. Sin conflicto, el personaje difícilmente se conocerá a sí mismo. ¿Qué habría sido de Simba si Scar no le hubiera robado el trono? ¿Habría asimilado quién era de una manera tan profunda? Si bien es imposible saberlo, estas conjeturas no me parecen tan erradas.

Las circunstancias actuales parecen el escenario ideal de una película al estilo «Tom Cruise salva al mundo». Son tristes, angustiantes e inciertas. Sí. Hay insomnio, ansiedad y ataques de pánico. Las personas se pelean en grupos de WhatsApp y las clases en línea vuelven el mantener la atención una misión verdaderamente imposible. 

Sí, la cuarentena puede ser todo eso. Pero no quiero señalar solo lo que ya sabemos. Sin conflicto, no hay historia. Sin dificultades, no hay descubrimiento interior. Sin dolor, no hay viaje. 

Hace unos días, comencé a leer la biografía de J. R. R. Tolkien (Carpenter, 1977). Quizá por eso tengo a los personajes del Señor de los Anillos tan presentes en mi cabeza últimamente. Cuando el protagonista está a punto de rendirse, tan cerca del principio del fin, se pregunta si vale la pena seguir caminando. Y su fiel acompañante (que, por cierto, está basado en los soldados que ayudaron a Tolkien durante distintas batallas en la Primera Guerra Mundial), afirma: «Aún hay bien en el mundo, y vale la pena luchar por él»

Hay algo mucho peor que la enfermedad y que la incertidumbre económica: la desesperanza. La desesperanza trae tristeza y egoísmo consigo. Nos vuelve los únicos habitantes de un mundo solitario e inhóspito, en que ya no hay camino, sino estancamiento. 

No podemos fingir que la pandemia no ha traído mucho dolor. Pero… acudamos nuevamente las historias. Jean Valjean tiene a Cosette. Harry Potter tiene a Ron y a Hermione. Frodo tiene a Sam. Marlin tiene a Dory y Woody tiene a Buzz. Elliot tiene a E.T. y Wall-e tiene a Eva. La felicidad no es la ausencia del dolor; la felicidad consiste en aprender a caminar con el otro, porque el hombre está hecho para darse a los demás. 

Sin conflicto, no hay historia. Sin dificultades, difícilmente miraríamos en nuestro interior para descubrir lo que de verdad importa. Sin dolor, no aprenderíamos a mirar al otro a los ojos. Estos días pueden adquirir el tono grisáceo de la monotonía y la incertidumbre. Pero también pueden convertirse en el escenario que hace esta aventura mucho más apasionante. Esperemos que pase pronto, y que cuando lo haga, los protagonistas de esta historia hayan dado un paso más en el conocimiento sobre sí mismos.

S. Lewis decía que las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios. No sé mucho sobre destinos extraordinarios, pero creo que no son exclusivos de valientes hobbits, ni de tierras fantásticas o mundos mágicos. La vida es una aventura apasionante, y estoy segura de que sabremos hacer honor a la historia que nos ha tocado protagonizar. Los protagonistas llegan al final del camino. Si no, no habría historia que contar. 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s