Entre el Sars y la fragilidad

Por César Daniel Cruz Bartoluchi

Para algunas personas,  el “claustro” muchas veces puede ser una oportunidad de lujo para reflexionar sobre algunos aspectos particulares de la vida de cada uno. Sinceramente, espero que logremos aprovechar el tiempo como lo hicieron en su momento algunos personajes destacados (Newton, Mandela, San Ignacio de Loyola o Shakespeare, por mencionar algunos) en una condición similar de encierro, y lograr sacar de esta contingencia, que tiene, de alguna manera, “paralizado” al mundo, lo mejor de cada uno y valorar más aquello de lo que nos encontramos distanciados por ahora.

Estos últimos días se ha destacado nuestra fragilidad como seres humanos, pero también ha resaltado la capacidad de organización y prevención de mucha gente alrededor del mundo. Ejemplos de tanta gente comprometida con su labor, como sucede con médicos, enfermeros, y en muchos casos, voluntarios y religiosos, me ensanchan el corazón, pensando en que, así como encontramos maldad, así  también encontramos notoriamente bondad en la disposición de otros hacia los demás.

No busco hacer un planteamiento acerca de los responsables del origen de esta compleja situación (para ello pueden consultar a expertos en geopolítica o a “conspiracionistas” del poder mundial); tampoco acerca de qué es lo que puede venir después de esto (los pronósticos parecen poco alentadores); más bien, busco exponer algunas fragilidades que se están poniendo en evidencia para nuestro país: el olvido del sector salud, la incompetencia dentro del gobierno federal, y la omisión de la cultura de prevención.

En alguna clase de la universidad, escuché al profesor afirmar con contundencia que la tarea principal del Estado es garantizar la vida y la propiedad. No hay aún evidencia clara del impacto económico que tendrá el COVID-19 dentro del sector salud; lo que sí está claro es que algunos de los 10 países con mayor inversión en salud pública pertenecientes a la OCDE[1] no la están pasando tan bien[2] (México ocupó el último lugar en este rubro, con inversión del 7.5% del PIB). Parece ser que no existe país en el mundo que tenga la infraestructura de salud capaz de contener la potencial demanda ante esta enfermedad. Es tanta la llamada de atención, que sólo vuelve a recordarnos dos cosas: que no debería existir incentivo colectivo alguno para buscar recortar o contraer la inversión pública o privada en salud y en investigación; y de la gran irresponsabilidad de aquellos personajes que han estado presentes en la antesala de la realidad del sector en nuestro país. La salud será una tarea primordial dentro de la agenda pública, que entrará nuevamente en seria discusión (parece broma, pero para México, no lo es), ojalá que logre los frutos que tanto hemos esperado. Muchos creen que no existe el mercado sin salud; y en gran parte, tienen razón. Quienes más difícil la tienen son las personas pertenecientes al sector económico informal, que en 2018 aportó el 22% del PIB nacional y empleó al 57% de la población en México[3], y quienes dependen de la actividad económica habitual diaria. 

Por otro lado, como ya se venía anticipando, es preocupante la carencia de capacidad de reacción, y en algunos casos la intelectual, del gobierno federal. El primer problema evidente fue la poca claridad en la comunicación hacia los medios: el presidente decía una cosa, y el subsecretario de salud, otra. Tanta fue la confusión, que tuvieron que ser el sector privado y el académico los que tomaran la iniciativa de comenzar parcialmente la contingencia sanitaria. El segundo gran problema, fue no hacer una prioridad el anuncio de un paquete económico de emergencia por parte de la SHCP que diera certidumbre a los mercados y lograra suavizar el impacto que tendrá la pandemia en la demanda agregada. Esto último fue algo que el empresariado mexicano solicitó con insistencia a las autoridades, pidiendo que se promulgaran políticas económicas como se hizo en otros países. Lamentablemente, no hay brecha fiscal dentro de nuestras finanzas públicas que logre soportar una política fiscal expansiva como lo hacen otras economías; esto nos da poco margen de maniobra, y una gran lección en esta materia. Como ya saben, ni hubo prórroga en la presentación de las declaraciones anuales del ejercicio fiscal 2019 a personas morales, y hasta nos dimos el lujo de cancelar la inversión en una fábrica de cerveza en Mexicali (algo que ya es común). Todo esto sin sumar las repercusiones internacionales en consumo, desempleo, remesas, y liquidez. Probablemente, somos espectadores de los últimos días del concepto de “globalización” tal y como lo conocemos.

Finalmente, está el problema de la falta de atención a la prevención, principalmente en el sector salud. Esto es algo que nos caracteriza; parece que necesitamos que la gran ola nos llegue para empezar a aprender a nadar. Como la mayoría de los problemas en esta vida, esta enfermedad llegó sin avisar, y como ya lo hemos discutido, no estábamos preparados. El fortalecimiento y mayor profesionalización del sector de prevención médica a través de médicos generales, terapistas y enfermeros; la mejora en los hábitos de salud colectivos; y una mayor inversión en tecnología y educación en los campos de la medicina a través de la academia, podrían ser el camino que encontremos después de todo esto, un camino que nos recuerde el valor de este sector, y mediante el cual se mejore su alcance y disponibilidad en todo el país. Tal vez entonces, mis colegas y yo recordemos que “si la salud pública es la ciencia y el arte de cómo la sociedad pretende colectivamente mejorar la salud y reducir las desigualdades en salud, entonces la economía de la salud pública es la ciencia y el arte de apoyar la toma de decisiones sobre cómo la sociedad puede usar sus recursos disponibles para cumplir mejor estos objetivos y minimizar el costo de oportunidad”[4]

Verdaderamente espero que esta situación no se salga más de control, para que no lleguemos a vivir la realidad que ahora viven otros países. Estamos a tiempo.

Referencias

[1] Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)

[2] https://www.oecd.org/centrodemexico/medios/gasto-publico-social-ocde.htm

[3] https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/boletines/2019/StmaCntaNal/MEI2018.pdf

[4] Edwards, Charles, Lloyd-Williams. Public health economics: a systematic review of guidance for the economic evaluation of public health interventions and discussion of key methodological issues. BMC Public Health2013.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s