Extremista, ¿yo?

Por Pedro Chouciño Brindis

Todos podríamos estar de acuerdo en que el terrorismo religioso o político que comete actos de violencia de forma indiscriminada es extremismo. Sin embargo, no hace falta irnos tan lejos: la intransigencia y sinrazones de alguien que podríamos calificar de inflexible, empecinado, obstinado o terco a la hora de dialogar, es la forma más común de extremismo; y podría atreverme a afirmar, que el origen de todo extremismo. Es decir, la radicalización en la sociedad y la generalización de las actitudes extremas tienen su origen en las personas que la componen, porque las corrientes e ideas que predominan en el todo son un reflejo del estado de las partes.

En los últimos años, hemos visto el nacimiento y desarrollo en muchos países de movimientos extremistas. Quizá los casos más sonados son: el de Donald Trump en Estados Unidos, el de Marine Le Pen en Francia, o el de Jair Bolsonaro en Brasil. Sin embargo, la realidad es que vivimos en un mundo plagado de extremismos en todas las áreas donde la moderación goza de poca popularidad.

Por un lado, hay extremismos muy fuertes como los que observamos en la práctica de la religión. Ejemplo de esto son los fundamentalismos islámicos que asesinan personas de otros credos minoritarios.

Por otro lado, hemos llegado a extremos de violencia social con el crimen organizado. Actualmente, los homicidios que son la primera causa de muerte en Latinoamérica en personas de 15 a 49 años y se han duplicado desde 1990.

Sin meterme al debate sobre si es correcto o no, hay otros ejemplos más normalizados y no tan drásticos que abundan en nuestro tiempo como las marchas que para conseguir ser escuchadas utilizan la violencia o descalificaciones y formas de argumentar y debatir usando falacias ad hominem

De igual modo, en el sistema económico actual llegamos a extremos de descuido y maltrato al planeta, fruto del consumismo y la enorme cantidad de contaminantes que generamos. En conclusión, parecería que hoy en día es todo o nada, blanco o negro y nos olvidamos de los cursos de acción intermedios.

A donde quiero llegar con todos estos ejemplos es que, fenómenos como los movimientos de ultraderecha, las crisis migratorias a las que algunos líderes mundiales responden de forma xenófoba, la falta de libertad de expresión o las sobrerreacciones a problemas menores, son únicamente la punta del iceberg. En la base, se encuentran lo que he denominado microextremismos. Éstos forman parte de la vida de todos. Lo que quiero decir es que la falta de moderación en nuestras actividades diarias crea un clima donde faltan los puntos intermedios, que en la mayoría de los casos son los cursos de acción más adecuados en la solución de problemas. 

Por ejemplo, es común que cuando comemos lo hacemos hasta llenarnos; si gastamos, lo hacemos hasta que ya no nos queda nada de la quincena; si veo una serie, no veo un capítulo, sino toda una temporada; si queremos un celular, tiene que ser el último modelo o sino es basura, etc. Sin hacer ningún juicio de valor sobre estas acciones y sin calificarlas moralmente, creo que nos cuesta mucho disfrutar de las cosas de cada día o de las que cuestan trabajo. 

También nos pasa en las relaciones personales. Es muy fácil saltar a conclusiones de forma rápida y caer en juicios infundados sobre las intenciones de las personas a la hora de actuar. Es el caso de pensamientos como: «si no me acompaña o va a este plan es que no le importo o que no me quiere», «si no hace esto que yo quiero hago un ‘dramón’ y actúo como señora de telenovela», «si una vez no me comparten es porque son unos egoístas». Y también a la hora de oír opiniones diversas a la nuestra. Muchas veces nos encontramos despreciando la forma de pensar de los demás porque no se ajusta a lo nuestro sin tratar de comprender o simplemente escuchar.

Siendo consciente de que es un artículo muy breve, que simplifica mucho las cosas y sin pretender generalizaciones, considero que en nuestra sociedad falta la moderación y la templanza. Cualquiera de nosotros podría declararse culpable de lo mencionado anteriormente y no quiere decir que vaya a terminar siendo violento o radical. Sin embargo, me parece importante identificar estos microextremismos para avanzar hacia una sociedad más respetuosa. 

Dicen que el primer paso para hacer un cambio es llegar a un diagnóstico, identificar las «áreas de oportunidad». Después, trabajar para eliminar estos paradigmas que nos hacen actuar de forma extremista en los detalles más simples de diario. Creo que, de esta forma, llegaremos a ser más comprensivos, respetuosos y flexibles, evitando toda forma de relativismo, pero llegando a descubrir cada vez más esos cursos de acción intermedios que se encuentran ocultos.

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