Educación, ¿derecho o privilegio?

Por Astrid Longi Rivera

La palabra «escuela» proviene del latín schola, que a su vez viene del griego σχολή (scholḗ). Esta palabra más que significar un lugar de estudio, originalmente significaba tiempo libre u ocio. Con el paso del tiempo σχολή se comenzó a utilizar para designar al lugar en el que los hombres asistían y pasaban un tiempo libre en el cual aprendían cosas nuevas. Poco a poco este término fue evolucionando hasta convertirse en lo que hoy conocemos como escuela.

Pero la escuela de los antiguos griegos era muy diferente a las escuelas modernas. En la antigua Grecia la escuela estaba reservada para un pequeño grupo de personas. Sólo los hombres libres podían dedicarse a aprender toda clase de artes, ciencias y disciplinas dado que tenían el tiempo para hacerlo y no debían preocuparse por obtener y preparar alimentos, trabajar sus tierras, cuidar a su ganado, etc, pues alguien más se encargaba de todo eso. En sus inicios, la escuela era un lugar al que uno podía asistir a cultivar su espíritu, a desarrollar sus habilidades intelectuales, a dedicarse a las artes, a ocupar su tiempo libre en cualquier actividad sin tener que preocuparse por su supervivencia, porque ésta ya estaba garantizada. 

De manera similar, en la antigua Roma, la educación estaba reservada para la élite. Sólo los hijos de algunas familias con recursos tenían la oportunidad de asistir a la escuela; podían aprender gramática, aritmética, música, retórica, astronomía, gimnasia y geometría, porque alguien más se preocupaba por atender y satisfacer sus necesidades básicas. 

Hoy en día el panorama es distinto: la educación no es un lujo reservado para una pequeña élite, sino que es considerada como un derecho humano fundamental. De acuerdo con el artículo 3° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, “todo individuo tiene derecho a recibir educación”. [1]

A pesar de que “la educación preescolar, primaria y secundaria conforman la educación básica” [2] y ésta, junto con la educación media superior, deberían ser obligatorias, de acuerdo con el INEGI, la falta de recursos económicos es una de las tres principales causas de abandono escolar entre niños y jóvenes.

Según datos publicados en 2018, 2.2 millones de adolescentes mexicanos de entre 12 y 17 años no asisten a la escuela. Por un lado, 14.2% de los menores de edad de entre 12 a 14 años abandonan la escuela por falta de recursos económicos. Mientras que, en los adolescentes de 15 a 17 años, la segunda causa de no asistencia es la necesidad de abandonar los estudios para trabajar (14.4%), y la tercera es la falta de recursos económicos (12.7%). [3]

Frente a cifras como estas, uno debe preguntarse, ¿la educación realmente es un derecho o sigue siendo un privilegio reservado para los pocos que tienen tiempo libre, ya que sus necesidades básicas están garantizadas? 

Es una realidad común pasear por las calles de la Ciudad de México y ver niños y jóvenes pidiendo dinero o trabajando como vendedores ambulantes en horarios en los que deberían estar en la escuela. Pero, ¿cómo pedirle a alguien que vaya a la escuela y dedique sus tardes a estudiar y hacer tarea cuando tiene preocupaciones más urgentes como ayudar a su familia o ganar dinero para comer? 

Garantizar que todos los niños tengan la oportunidad de recibir una educación de calidad es de suma importancia para el desarrollo de nuestro país, pero mientras esta clase de problemas continúen (mientras que los niños tengan que abandonar la escuela por falta de recursos económicos o porque tienen que trabajar para comer o ayudar a sus familias), esto no será posible. 

Referencias:

[1 y 2] Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación. El derecho a una educación de calidad: Informe 2014. https://www.senado.gob.mx/comisiones/educacion/reu/docs/resumen_290414.pdf 

[3] INEGI. “Estadísticas a propósito del día mundial de la población (11 de Julio)” Datos Nacionales. Comunicado de prensa núm.293/18, 9 de Julio de 2018. https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2018/poblacion2018_Nal.pdf

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