¿Y dónde quedaron las medicinas?

Por Humberto Vega Castañeda

En lo que va del presente sexenio se han escuchado múltiples voces alzándose  para denunciar escasez o desabasto de medicamentos esenciales para la salud, un ejemplo de esto, y tal vez el más afamado, es el caso del Metotrexato, medicamento básico e insustituible para el tratamiento dado a niños con cáncer sometidos a terapia de quimioterapia.

Así, en lo que va del 2019, más de 2,300 personas han señalado el desabasto de medicinas en hospitales públicos a través de una base de datos creada por distintas organizaciones, tales como Nosotrxs, Derechohabientes Viviendo con VIH del IMSS, Fundar Centro de Análisis e Investigación, Asociación Mexicana de Lucha Contra el Cáncer, entre otras.

Para intentar explicar el porqué de lo anterior, se han dado muchas razones, que van desde culpar a las empresas farmacéuticas por incumplir los contratos de suministro, hasta señalar a las propias instituciones de salud, donde errores administrativos llevan a declarar el desabasto, tal y como lo afirmó Raquel Buenrostro Sánchez, oficial mayor de la Secretaría de Hacienda, cuando pretendió justificar el desabasto del Metotrexato. 

Si bien es cierto que en algunos de los casos el desabasto se debe a la confluencia de diversas razones, también lo es que el Gobierno actual ha implementado una política farmacéutica que, aunque no se puede juzgar de incorrecta, se podría decir que está abiertamente desarticulada, generado situaciones que no hacen más que afectar a la población en general. 

Desde inicios del presente sexenio se ha llevado a cabo una política integral de cambio y de reestructuración dentro de las instituciones y órganos del Estado, situación que no siempre atiende a mejorar o corregir, sino que a veces solo se destruye por destruir. Así, la política farmacéutica no estuvo exenta de lo anterior, ya que durante todo el 2019 se comenzó a gestar un cambio en la manera en que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) atendía las demandas farmacéuticas de la sociedad.

En ese sentido, el gobierno, en aras de eliminar la corrupción, ha catalogado como malo a gran parte de lo que existía antes del 2019, lo cual lo legitima para reformar, cambiar, sustituir o simplemente destruir. Así pues, dentro del sector farmacéutico, se ha visto un creciente ataque por parte de la Cofepris a la industria de medicamentos genéricos, que, al parecer de la 4T, enarbolan una bandera de corrupción, que sea cierto o no, sí ocasiona que estén constantemente bajo el ojo del huracán, a merced de arbitrariedades amparadas por una consigna de lucha contra la corrupción.

La Cofepris entonces, siendo supuestamente más estricta con cuestiones de farmacovigilancia, ha comenzado a revocar y cancelar registros sanitarios (Autorización para comercializar un fármaco)  de diversos medicamentos, en su mayoría genéricos. Esta situación no sólo propicia el alza de precios de las medicinas, al haber menos competencia económica, sino que, y tal como se ha visto, crea situaciones de desabastecimiento generalizado en el sector público de salud. Esto porque muchos de los medicamentos a los cuales se les ha cancelado su registro sanitario, habían sido materia de contratos públicos celebrados entre el Gobierno y distintas empresas farmacéuticas para el suministro de los mismos a las instituciones públicas de salud.

Es por lo anterior que se puede apreciar una evidente desarticulación en la política farmacéutica nacional. Por un lado, se adjudican contratos públicos a distintas empresas farmacéuticas para suministrar algún medicamento; por el otro, y de manera paralela, el mismo Gobierno, a través de la Cofepris, les cancela o revoca su autorización sanitaria, orillando a las empresas adjudicadas a incumplir con el contrato al no poder comercializar el medicamento materia de éste.

Lo anterior explica en parte la situación que se vivió con el Metotrexato, ya que la Cofepris, en un ánimo inquisitivo, arremetió en contra de Laboratorios Pisa, revocando su autorización sanitaria para comercializar el Metotrexato por, supuestamente, no cumplir con ciertos requisitos de calidad en su fabricación. Esto sin antes detenerse a ponderar que era Laboratorios Pisa, la única empresa farmacéutica en México, que estaba suministrando al Gobierno el referido medicamento. 

Fue pues el propio Gobierno el que originó el desabastecimiento, no sólo de Metotrexato, sino de mucho otros medicamentos, al no establecer canales óptimos de comunicación intergubernamental y al no crear una política farmacéutica armonizada y bien pensada. Lo cual nos lleva a considerar, de nueva cuenta, que todo, o gran parte, de lo que se hace en esta Administración, se realiza de manera improvisada sin estudio y reflexión previa. 

Llevamos sólo un año de que empezó la actual Administración, las ideas, metas y objetivos que se proponen son encomiables y dignos de reconocimiento. Pero no todo es tan fácil como parece, es necesario crear instrumentos sólidos de cambio, bien pensados, ponderados y armonizados, buscando crear equilibrios que permitan progreso y estabilidad, ya que, de lo contrario, podemos ver situaciones como las suscitadas en el ramo farmacéutico o de seguridad pública, donde a fin de cuentas, quienes pagan las facturas por la decisiones “honestas” pero mal hechas y ejecutadas, somos los mexicanos. 

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