Marchando vienen, marchando van

Por Alberto Domínguez Horner

A mi juicio, les ha faltado unidad a las marchas en la CDMX. Está reciente la marcha feminista del 25 de noviembre y próxima la marcha contra el actual gobierno (1 de diciembre). No me refiero a que esas marchas carecieron o carecerán de unidad, mejor que eso lo juzgue el lector por su cuenta. Pero sí creo que las que sucedieron hace ya más de un mes, las que pueden ser pensadas sin el remolino sensacionalista de lo reciente, carecieron de unidad en algún sentido. Si el lector no está de acuerdo con esto, en todo caso, tal vez concuerde con alguna de las siguientes críticas.

Las marchas, entre otras condiciones, requieren unidad, transversalidad (reunir ciudadanos de distintos entornos sociales) y una causa clara y justa.

Consideremos las marchas del 2 de octubre, que parecen tener unidad. En su artículo De Iguala a Ayotzinapa, publicado en Nexos, en el número de este noviembre 2019, Fernando Escalante y Julián Canseco advierten que la construcción social del caso Ayotzinapa «consistió en hacer de los hechos de Iguala una nueva escenificación de la masacre de Tlatelolco». Luego recuerdan que en la marcha de 2018 muchos manifestantes igualaban la desaparición de los 43 con la masacre del 68. A la lista también suelen sumarle Aguas Blancas, Acteal, Atenco y otros más. Pues bien, decir que todo está mal y que todo es lo mismo no constituye la unidad a la que me refiero.

Decir que todo es lo mismo no unifica; confunde. Esto le ha sucedido a varias marchas además de las del 2 de octubre; lamentablemente, ese tipo de argumentación es errónea e infructífera. Por favor, no se me malinterprete: en verdad resulta intolerable que el gobierno esté involucrado en casos de violencia injusta. Quizás la intención de decir que el 68 y los 43 son lo mismo apunte a que, puesto que un caso de violencia injusta por parte del gobierno es intolerable, dos casos, tres casos, etcétera, son menos tolerables. Pero, contrario a las expectativas, dicha estrategia otorga una salida fácil al acusado. La respuesta a ‘son lo mismo’ bien puede ser ‘no son lo mismo’, y no sería una respuesta equivocada. ¿Acaso la manifestación de este año logró una consecuencia notoria?

Como alternativa a esta argumentación, propongo otra más simple y, en consecuencia, menos eludible: protestar por lo concreto. No decir ‘todo está mal’, sino ‘exigimos esto; urgentemente exigimos esto’. Otro día podemos exigir otras cosas. Sé que hablar de todos, estos y cosas no aclara mucho. Un caso con esta argumentación alternativa pudo ser la protesta de mujeres del 16 de agosto: iban a marchar para protestar por la violación de una joven por parte de cuatro policías (‘exigimos esto’, ‘exigimos justicia para esta joven’). Es verdad que el caso de esa joven es uno entre millones, pero no fue estratégicamente adecuado vincularlo con todos los demás casos de violencia de género, porque eso confunde el propósito de la manifestación. ¿Alguien supo qué pasó después con el caso de esa joven? Si no sucedió nada, ¿cómo iba a suceder algo en los otros casos? Además, aquel día se mezclaron creencias de diversos matices en torno al feminismo y a las injusticias contra mujeres, y algunas marchantes se enfocaron más en mostrar esos matices que en exigir justicia para la joven. Quizás hubieran logrado que la joven se transformara en un símbolo si hubiesen mantenido la concentración.

En el caso de la marcha del 5 de mayo, una marcha contra AMLO, veo una de las protestas más desafortunadas. Todos estaban de acuerdo en que odiaban a AMLO, pero no estaban pidiendo nada. Su consigna era «López, renuncia». Todos sabíamos y sabemos que eso no iba ni va a suceder. Estupenda idea: salgamos a las calles a manifestar que AMLO nos cae mal. Mejor aún: usemos el vocabulario con el que nuestro presidente segregó a la población, digamos que somos los fifís, la clase pensante y trabajadora (porque lo decían). Maravillosa publicidad para Andrés Manuel. Autogol.

Para ser oportunas y efectivas, las marchas requieren unidad. La unidad requiere, a su vez, concisión. Esto es, los participantes han de dejar muchas de sus creencias aparte por un momento, para concentrarse en una sola con la que concuerden todos. Las creencias personales son relevantes; sin embargo, en el preciso momento de la manifestación lo que importa es que todos llegaron a la misma conclusión: exigir algo juntos. Esta precisa condición de unidad en las marchas aparece en el libro Sobre la tiranía de Timothy Snyder, quien incluso añade: «las ideas sobre el cambio deben involucrar gente de distintos contextos que no estén de acuerdo en todo». Es decir, la concreción de las consignas unifica diversos contextos: fortalece la protesta.

A tono de corolario, quisiera añadir un último pensamiento: entre marchar por una causa polémica y marchar por una causa justa, es preferible lo segundo. Qué es polémico y qué es justo, eso queda reservado a la prudencia de los individuos. No quiero decir que sea ‘subjetivo’ (palabra igual de horrible que ‘objetivo’), sino que concierne a casos particulares. Los reporteros y el periodismo de investigación son relevantísimos en este punto, porque aclaran los casos particulares. Muchos sucesos causan polémica por la ausencia de trabajo periodístico, que casi siempre se debe al impedimento, la censura, la inseguridad y a la mala paga del trabajo de los periodistas. (Compre periódicos y revistas políticas. Este anuncio es ajeno a los fines de cualquier partido político. Aliméntese sanamente.)

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