Médicos, ¿humanos?

Por Pedro Chouciño

En los últimos 40 años la medicina ha experimentado cambios vertiginosamente acelerados. Hemos visto cómo se han desarrollado nuevas tecnologías, diseñado nuevos fármacos y hecho cambios de paradigmas que estaban vigentes desde hace décadas. Sin duda –gracias a estos avances– hemos logrado excelentes tratamientos para muchas enfermedades que creíamos incurables; formas de prevenir las secuelas de enfermedades crónico-degenerativas; y, en general, aumentar el nivel de salud de la población. Esto lo podemos observar en diferentes indicadores como, por ejemplo, la esperanza de vida. Según la ONU, ésta ha aumentado –en México– de 55 años en 1960 a 77.6 años en promedio para el 2019.

Por los avances, la literatura médica y la cantidad de conocimientos aumentan constantemente y a los médicos se les exige –y con razón– actualizarse diariamente. Además, cada vez se alcanza mayor grado de especialización en las diferentes áreas con el nacimiento de altas especialidades y fellowships

Aparte de los cambios tecnológicos y la ampliación de los conocimientos, los pacientes también han cambiado. Hemos pasado de clientes que seguían ciegamente las indicaciones de sus doctores, a pacientes más conscientes y pensantes, que buscan en Google, cuestionan los tratamientos y la credibilidad de los galenos y buscan varias opiniones antes de tomar una decisión sobre su salud. De aquí podemos concluir que, el empoderamiento del paciente ha traído cosas muy buenas como: el hacerse responsable de la propia salud, preguntar para tener una mayor comprensión y un verdadero interés por la fisiopatología de las enfermedades y los tratamientos. En el fondo, los pacientes se han vuelto más exigentes. Esto nos ha llevado también a una época donde la insatisfacción por el servicio o los desenlaces lleva a que los médicos sean demandados con mucha facilidad. Está cambiando la forma en la que entendemos la medicina, del modo tradicional, a la llamada «medicina defensiva». Ésta es una medicina en la que los médicos buscan, para protegerse de posibles problemas legales, cubrirse. ¿Cómo? Solicitando estudios de más, renunciando a tratar casos complejos y caminando «de puntillas» en todo lo que se refiere a la atención. Todo esto en perjuicio económico, de calidad y de salud de los pacientes.

No hay duda de que, para la sociedad, la profesión médica es admirada por todo lo que conlleva: muchos años de estudio, constante actualización, ciertas renuncias, trabajo duro, disponibilidad y trato amable para los pacientes y sus familiares, habilidades de comunicación, atención de urgencias, lidiar con el dolor y sufrimiento etc. Sin embargo, todo esto se está convirtiendo en una carga demasiado pesada, un ideal realmente irrealizable que imprime una presión devastadora.

En nuestro país, los médicos deben realizar guardias de 36 horas que, muchas veces, acaban durando más. Otras naciones, como nuestro vecino, Estados Unidos, ya han tomado medidas al respecto y han empezado a retratar el problema. Se han realizado estudios tipo encuesta en los que se reportan en el gremio altas tasas de depresión y ansiedad, burn out y abandono de la profesión y un número preocupante de suicidios.

Harían faltan muchos artículos para lograr desarrollar cada una de estas problemáticas, pero regresando al título de nuestro artículo, ¿por qué sucede esta deshumanización en los médicos? Toda la situación es un triste desenlace para los médicos. La mayoría, entrando a la carrera están llenos de buenas intenciones, ganas de hacer un cambio en la sociedad y de dar el mejor trato a las personas. Sin embargo, son testigos de cómo poco a poco o de forma súbita acaban por ver al paciente como un número más, dejan de involucrarse emocionalmente y se vuelven más fríos y mecánicos en el trato. Los pacientes, también son víctimas de esta situación que nos arrastra a todos hacia una medicina más utilitarista, pragmática y vista como un intercambio comercial. Aquí se pierde el carácter de servicio que contiene en su esencia y se deshumaniza más y más. Considero que, culpar a los médicos, es un error. Ambos, tanto paciente como doctor son víctimas. 

La deshumanización de los médicos es consecuencia de una sociedad que no les permite ser humanos. Cicerón dijo en el siglo 1 a. C.: «Errare humanum est» (errar es humano). La sociedad pone un listón de súper hombres para el que quiera ejercer la medicina con toda la exigencia que hemos expuesto previamente. Esto es un ideal utópico e inalcanzable para los ciudadanos de a pie. Como resultado, se produce una profunda fractura por el abismo que hay entre el ser y el deber ser. Y esto, unido a la frustración de nunca poder lograrlo y el rechazo social y de compañeros de profesión, desemboca en un vacío y falta de propósito del que la única salida parece ser el negar la propia humanidad. Debemos avanzar hacia una sociedad donde se acepte el error médico, donde se pueda aprender de él y donde la comunidad acepte a los médicos como lo que son: seres humanos falibles.

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