Demonios revolucionarios

Por Juan Carlos Puebla Pavlovich

A aquellos que se sienten personas extraordinarias, hay que temerles. Se definen distintos. Son guiados por ideas fascinantes y disruptivas, atractivas por sí mismas. Ideologías totalizantes, auténticas y deslumbrantes: suplentes de las religiones. Quienes las encarnan se creen poseedores de la salvación, fueron llamados desde la eternidad para implementarlas. Las normas existentes no los rigen porque son transformadores, están por encima de lo ordinario y tienen la potestad divina de aplastarlo.

Sacrifican a otras personas por sus abstracciones idealistas. Todo vale la pena si se hace al servicio de sus ideas, que nos llevarán al progreso ineludible. Ellos representan la transición hacia ese bien superior, más valioso que cualquier ser humano. 

Esos líderes revolucionarios son peligrosos para la humanidad, porque su revolución sólo puede ser violenta, no importa cuántos mueran o sufran mientras se realice.

Dostoyevski, el profeta de los totalitarismos del siglo XX, lo predijo en sus obras. En Crimen y castigo explica la psicología de las personas que se sienten extraordinarias y los crímenes que están dispuestas a cometer.  También lo hace en su libro Los demonios con su personaje Verkhovenski, inspirado en uno de los ideólogos más controversiales de la revolución rusa, Sergei Gennádevich Necháiev, un hombre admirado por Lenin. Escritor del Catecismo del revolucionario en 1869. En esa obra, Necháiev describe al revolucionario como aquél que sólo vive para la revolución y debe hacer lo que sea necesario para llevarla a cabo, no importa el resultado de ésta, lo sustancial es su realización. Es recordado por organizar ataques terroristas y asesinatos para imponer su anti zarismo en Rusia.

Dostoyevski vio en su figura lo que sería el futuro de Rusia. La formación de revolucionarios capaces de cometer atrocidades en nombre de una idea. Años después, grandes admiradores de Gennádevich serían llamados bolcheviques. El marxismo leninismo se convirtió en una realidad, y con ella más de 21 millones de rusos murieron. Esos revolucionarios tenían una justificación: todo lo hicieron por su ideología que traería justicia social.

Las ideologías que tienden al totalitarismo siguen presentes en la actualidad. Han aparecido pseudo revolucionarios, de derecha o de izquierda, que se sienten extraordinarios. Muchos de ellos optan por el populismo para transmitir esas ideas. 

Son más precavidos con sus acciones, ya no justifican su transformación con la violencia bruta. Los populistas utilizan el lenguaje para crear mensajes de desprecio a las normas y a las instituciones, dentro del sistema democrático. Encarnan la salvación del pueblo a través de sus ideas,  pueden crear una narrativa de odio que los exime de lo establecido, están llamados a cambiarlo todo. Son peligrosos porque motivan a otros a sentirse extraordinarios, sus seguidores comparten su ideología, en consecuencia también están por encima de la ley. Alguno de ellos se puede sentir valiente y, como Verkhovenski en Los demonios, llamado a  cometer los crímenes necesarios para depurar a la humanidad.

Son preferibles los líderes ordinarios. Los que conocen sus limitaciones y por eso piden consejo a los más sabios. Buscan un cambio ordenado sin atropellar a otros. Respetan la ley y las instituciones. Se saben regulados por las normas que nos rigen. Ante la injusticia reaccionan prudentemente. Se consideran uno más de nosotros en una situación distinta que implica mayor responsabilidad.  No se dejan guiar por ideologías extremas, están abiertos al diálogo. Quieren transformar para bien el mundo dentro de sus capacidades y condiciones, sin sentirse divinos o intocables. 

Es mejor que nos gobiernen ellos, los sensatos, aunque muestren debilidades y cometan errores, que personajes con delirios de grandeza y un discurso formador de futuros revolucionarios dispuestos a  cometer los peores crímenes en honor a esas ideas salvíficas por las cuales vale la pena destruirlo todo. A ellas, no a los hombres ni a los revolucionarios, llamaba Dostoyevski: los demonios, porque poseen a los hombres,  nublan su conciencia. Son tentadoras.

No importa la forma ni quienes las expresan o representan, son estas ideas las que hacen sentir a las personas extraordinarias. La lucha debe ser contra esas ideologías revolucionarias repletas de odio e inhumanidad, disfrazadas de promesas salvadoras.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s