Castigo ejemplar

Por Juan Carlos Puebla Pavlovich

El juicio del Siglo terminó, el mitificado capo del narcotráfico Joaquín Guzmán Loera pasará el resto de su vida en una de las prisiones de más alta seguridad en Estados Unidos. El juicio del “Chapo” sacó a la luz las verdades de la vida de los narcotraficantes en nuestro país.

La narcocultura en México ha intentado exaltar sus figuras, hacerlos parecer celebridades. Los pintan como antihéroes de películas de Marvel atribuyéndoles ciertos valores, dándoles una falsa bondad. Sin embargo, después de leer algunas de las declaraciones del juicio, quedan claras las acciones deplorables de las personas involucradas en el narcotráfico: excesos, asesinatos (masivos), violaciones, torturas, etc. Las narcoseries como El señor de los cielos y La reina del sur contrastan con la realidad; humanizan de más a los grandes capos Los hacen parecer personas con un “código moral” definido, hasta el punto de ser protectores del pueblo. Sus apoyos a ciertas comunidades son por puro beneficio personal, tener gente de su lado y estar protegidos.

Guzmán Loera no merece ser un icono de nuestro país y menos ser recordado con una imagen romantizada por series de Netflix o Univisión Deberían ahondar más en sus crímenes, en sus violaciones a menores a las cuales llamaba “sus vitaminas, por ejemplo. El Chapo merece ser condenado por la historia como uno de los responsables de llenar de sangre nuestro país.

La vida de Guzmán se reducirá a la soledad. A sus 61 años todo lo que le quedará durante su cadena perpetua es reflexionar. Extrañará su vida de excesos y lujos, pero también, probablemente, pensará en sus acciones y, una de dos: o llega a un proceso de arrepentimiento por el cual busca algún tipo de redención o simplemente se quedará frustrado extrañando su poder y ambición en su verdadera condena a la eterna soledad.

Su captura no terminará con el problema del crimen organizado en México. La estrategia de solo aprehender a los altos mandos no desmantela a los cárteles, pero por lo menos, nos deja en claro la imagen verdadera de los narcotraficantes. Al final pueden terminar aislados recordando todo lo que fueron o arrepintiéndose de su pasado. Es un castigo ejemplar que deja antecedentes de la caída que pueden enfrentar los grandes capos.

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