En defensa de mi (posible) abstencionismo

Por Diego Otero, especialista en liberalismo político y democracia norteamericana.

De lo único que estoy seguro hoy después de tantas precampañas y campañas es que ya quiero que se termine este tormento. Disfruto morbosamente de los pleitos públicos en redes sociales (de los que yo no participo porque le tengo miedo al ridículo). También me río al ver a los fanáticos de cada uno de los candidatos atacando y denigrando a los que no opinan como ellos (la crueldad y humillación a través del filtro de las pantallas, y la cobarde seguridad que les da a los atacantes la distancia, es, por momentos, entretenidísima… quisiera ver que así le hablaran a los chairos, a los derechairos, a la mafia o como sea que se llamen a quienes desprecian, dependiendo de quién sea el apasionado que esté insultando, a su cara).

Tanto debate me ha desmotivado como ciudadano. Me parece que las opciones son tan malas, genuinamente, que la mejor decisión es no participar. Un par de cosas antes de explicar bien por qué se me quitaron las ganas de cumplir mi sagrado deber cívico:

Primera, seguro más de uno me dirá: “pero Diego, no maaanches, todos sabemos que si no participas no te puedes quejar después”. Vale la pena decir que no, dejar de participar no me quita el derecho a quejarme. Hasta hoy mi nacionalidad no está condicionada a la participación. Además, mientras pague mi IVA y mi ISR me siento con toda la autoridad moral de quejarme todo lo que quiera.

Y segunda, durante todo el último sexenio he sido un defensor de AMLOVE. No me considero un fanático aunque estoy seguro que para más de uno de mis amigos “fifís” (como diría el líder) soy un perfecto chairo. Las elecciones pasadas voté por Andrés Manuel. Para ser honesto no podía entender (hasta ahora no lo entiendo del todo) cómo alguien no lo hizo dadas las opciones del momento. Josefina fue carne de cañón de Calderón (una candidata sin apoyo de su partido, que la puso porque no le quedaba de otra; como cuando hacíamos equipos en la primaria para jugar futbol en el recreo y me escogían al final por gordo y porque no les quedaba de otra). Por tanto, las elecciones eran entre Peña y AMLO. El Peje podrá ser lo que quieran, pero las violaciones a los Derechos Humanos y las cuentas de corrupción de Peña y el PRI en el Estado de México, nunca las tuvo. Me parecía la elección más simple, pero yo qué sé. Después de la elección me volví defensor del Peje, sin duda “hubiéramos estado mejor con López Obrador”. Defensor hasta que empezó la campaña y ya como que se me quitaron las ganas.

Dicho lo anterior, ahora sí, al relajo de actualidad. Creo que cuando las personas van a la casilla pueden hacerlo por diversas razones: o tienen hueso en la elección, o están alineados ideológicamente con alguno de los partidos o candidatos, o van a votar pensando en un voto útil, o quieren castigar al partido en el poder, o, algunos otros, van a anular su voto como protesta. La primera opción es para pocos ciudadanos (al menos si no contamos a los que les regalan despensas o dinero) y, en mi caso, no me motiva pues no tengo qué ganar en ese modo clientelar. Las otras cuatro son más importantes.

Yo no estoy alineado ideológicamente con ningún partido o candidato. Si tuviera que identificarme sería un liberal (político y social) que cree en el mercado como el mejor mecanismo de generación y distribución de riqueza, pero como también el sistema tiende a fallar con el tiempo, pienso que la intervención del Estado, oportuna y bien pensada, es necesaria. Eso quiere decir que no soy anayista (canallista, como le diría el Peje) pues Anaya no me parece un político que tenga muchos principios ideológicos (en el buen sentido); creo que es un excelente político pero no un demócrata, es un fantástico operador sin compromisos morales. El problema de un buen político sin demasiados compromisos democráticos es que no podemos saber qué demonios va a hacer ya que tenga el poder (Frank Underwood está muy bien para serie de Netflix, de esos ya hemos tenido varios y no traen nada bueno). Por otro lado, con el Peje, tampoco estoy del todo en sintonía. Muchas de las cosas de las que lo critican me parecen ciertas: es autoritario, parece ser bastante oportunista, poco democrático más allá del discurso y, en especial en esta elección, nos ha mostrado que para llegar a los Pinos (aunque después los venda, rente o haga museo) bien vale hacer alianzas con quien sea, aunque termines dándole en la torre a tu base. Es decir, con ninguno me identifico lo suficiente como para votar por esa razón. Meade… Meade va por el PRI, no manches.

“¡Entonces vota por voto útil! El Peje nos va a hacer Venezuela”, dicen unos. El voto útil, para mi gusto, tiene sentido cuando es posible ver diferencias claras entre las opciones. En el 2012 veía las diferencias clarísimas, como el agua de playa de Marcelo. El problema es que ahora me cuesta más trabajo. Las razones  que normalmente escucho para votar por Anaya usando el voto útil son las mismas por las que no me termino de convencer.

“Mira la gente con la que se reúne el Peje, es el PRI de antaño”: Los perredistas del gobierno de coalición de Anaya, ¿de dónde los sacó?, ¿no está el Jefe Diego ahí también? Además, si es un problema de corrupción, ¿alguien mete las manos al fuego por Anaya?, ¿estamos perfectamente convencidos de que no se ha dedicado a la compra-venta de favores? Eso sin tomar en cuenta que AMLO ha sido oposición desde hace ya un buen rato; Anaya, desde la oposición, participó en la plataforma priista. (Lo que digo es que los dos están igual de embarrados en la cultura política de los dinosaurios.) Meade… Meade va por el PRI, no manches.

“El Peje quiere hacernos socialistas”: Creo que ésta tiene más que ver con ignorancia sobre qué es el socialismo, lo que no quiere decir que el Peje no tenga malas ideas económicas. No hay razón para creer que AMLO quiere hacernos socialistas, ser de izquierda no es ser socialista necesariamente, así como ser de derecha no es ser libertarianista o totalitarista o lo que sea que uno identifique con la derecha. Cuando gobernó el defectuoso no lo hizo así y sus asesores hoy en día no son socialistas (aunque tiene uno que otro trasnochado dentro de sus groupies). Anaya dijo que quiere el “ingreso básico universal”: para los que se escandalizan con darle lana a los ninis, no sé si ya pensaron que en el ingreso universal incluimos ninis y demás personas que seguramente reprobarían (porque para juzgar estamos buenazos). Esa es una política de izquierda que no la tiene ni Maduro. Meade… Meade va por el PRI, no manches.

“El Peje no tiene valores, se alió con el PES”: Puede ser, me sorprendió que lo hiciera y todas las justificaciones que he escuchado de sus abogados sociales no me convencen. Fue una traición a sus bases. El problema con esto es que no veo por qué Anaya es mejor. Su alianza PAN-PRD-MC puede parecer más razonable, pero no fue una alianza democrática, fue una cupular, de negociación con los líderes y que sacó de la contienda a legítimos aspirantes a la candidatura de ambos partidos. Si la base del PES fuera mucho más grande, ¿alguien se cree que Anaya no los hubiera trepado al Frente? Meade… Meade va por el PRI, no manches.

“Ve al AMLOVE, es un autoritario”: Pues Anaya no es un demócrata. No llego a la candidatura democráticamente, nunca ha ganado una elección popular y en el PAN se hizo fama de desleal (según ellos, no yo). Si lo que nos importa es el espíritu democrático, no sé por qué Anaya es preferible. Meade… Meade va por el PRI, no manches.

“El Obrador no habla inglés”: Bájenle a su clasismo. Muchos de mis conocidos saben hablar inglés y no les prestaría ni mi coche. Saber hablar inglés está hasta abajo en la lista de prioridades.

Sobre el voto útil a favor del Peje sólo diría que llama la atención cómo los morenistas no lo han convocado. Al parecer para ellos el voto sólo se justifica por alineación ideológica: o estás con ellos por amor al proyecto (o al jefe, lo que sea) o no estás. Dicho eso, siento que el voto útil es medio inútil en esta elección (aunque sigo abierto a que alguien me demuestre por qué una opción es verdaderamente preferible).

Antes de tratar el voto de castigo quisiera decir algo del voto anulado. La idea de anular se hizo muy popular en México. No veo gran diferencia entre anular y simplemente no votar, y no es porque me da flojera ir a la casilla (no me da la suficiente como para dejar de votar si tuviera una convicción de hacerlo, del modo que fuera). Mi problema es que el mensaje no es claro, los votos se anulan por muchas razones, entre ellas por errores. ¿Hasta qué punto pueden saber que mi voto lo anulé porque la clase política es una tristeza y no porque me equivoqué? No pueden. Dejar de votar manda igualmente un mensaje: “Partidos de… existimos votantes que no movilizan, que no han capturado y que estamos desilusionados. Si me ofrecen una opción buena, y creen verdaderamente en la democracia y el poder de la representación, igual y ganan mi voto y el de otros de ese grupo de fastidiados con su incompetencia.” Anular y no participar me parece que generan incentivos similares para que la clase política haga mejor su trabajo. Esta es la razón por la que, al menos hasta ahora, no pienso votar.

Por último, y ya para cerrar este post tan largo, el voto de castigo. Esa es una razón que sí me parece válida. Si Meade se acerca a ser competitivo votaré por el que sea que tenga mejores oportunidades de ganar, así sea el payaso del Bronco. De lo que sí estoy seguro es que el país no debería de seguir soportando los gobiernos priistas. Meade… Meade va por el PRI, no manches.

Espero haber explicado por qué todo apunta a que no votaré. Por cierto, si alguien dice que hay que votar por el fraude (para que no usen mi voto) creo que no entienden que los que han hecho fraudes no se han preocupado por las sutilezas de contar el número de votos posibles para después manipularlos (es más fácil comprar boletas al mayoreo o ya, en la desesperación, tirar el sistema). Si no hay fraudes será gracias al trabajo de los funcionarios de casilla, no porque yo vaya a poner una boleta anulada.

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