Seminario de Ética y Derecho “Reflexiones en torno a la Constitución de la Ciudad de México”

Por Marilú Martínez McFisher (Gen. 2008)

Organiza: Instituto de Investigaciones Parlamentarias de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

Participan:  Universidad Panamericana, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Escuela Libre de Derecho, UAM (Azcapotzalco).

La relación entre el Derecho y la Ética constituye un tema limítrofe y fecundo en ejercicio crítico y reflexivo. Se trata de una cuestión que une las fronteras de saberes distintos y permite una incidencia recíproca en la forma en cada uno de éstos la aborda. En definitiva, se trata de una relación dialéctica y compleja.

Ante la pregunta de qué es la justicia, el estudioso del derecho suele aludir a la famosa definición de Ulpiano: “la constante y perpetua voluntad de dar (conceder) a cada uno lo que le corresponde”; sin embargo, la cuestión no deja de ser compleja, pues en la realidad histórica y concreta nos preguntamos cómo debemos responder a la pregunta: ¿qué es lo justo que le corresponde a cada quien? ¿Es el campo del Derecho el único que legítimamente puede responder a esta problemática? y, si así lo fuera, ¿podría contestar desde argumentos meramente jurídicos?

Por ello, es necesario abordar la relación que existe entre la Ética y el Derecho, pues estas dos disciplinas comparten un ideal: la justicia. Algunos afirman categóricamente que la verdad del derecho es la justicia, es en ella y por ella que se comprueba si el Derecho ha logrado su finalidad. Aunque no son pocos los que desde una perspectiva comunitarista han defendido que una forma de continuar el discurso ético es el derecho y la política. Sin embargo, esto no deja de ser problemático: cabe preguntarnos si es posible que el contenido ético sea trasladado al ámbito de una legislación exterior como el Derecho, ¿no supondría esto, también, una invasión de los limites y alcances de los dos saberes?

¿Cuál es, entonces, la relación entre la Ética y el Derecho?, ¿es suficiente con apelar a que la primera refiere al ámbito de la conciencia de la persona?, ¿es posible, como quería Kelsen, una teoría pura del derecho que no contenga intereses éticos y políticos? No son pocas las experiencias históricas en las que hemos aprendido que la ley positiva se puede equivocar. En nombre de la ley se han cometido grandes injusticias. En la Segunda Guerra Mundial, ejemplo paradigmático, se justificaron actos en contra la humanidad por considerarse jurídicamente correctos (legales en su ordenamiento jurídico).

Las normas morales y las normas jurídicas encuentran u vaso comunicante en el deber ser. Comparten la postura de protesta-rebeldía respecto de los estados de cosas en el mundo (el ser); asumen como tarea distintiva la prescripción de la realidad y muestran particular inclinación por la justicia, como quiera sea que la entiendan, en tanto criterio o principio último de evaluación.

También es cierto que existen diferencias entre la Ética y el Derecho. En el ámbito jurídico el debate suele referirse en torno a la distinción binaria legal/ilegal; el campo de la moral lo hace en torno a distinciones binarias en disputa justo/injusto, bueno/malo, correcto/incorrecto, asociadas a diversas corrientes filosóficas. Las normas jurídicas al ser coercitivas pueden ser consideradas como heterónomas y prescriben expectativas de conducta; las normas morales buscan ser autónomas y por ende, prescriben la autodeterminación de la persona.

No han sido pocos los que simplifican la relación entre estos dos saberes. Algunos prefieren no discutir la cuestión por su complejidad o porque consideran que la ética al entenderse como la disciplina que estudia los actos humanos en tanto que pueden ser considerados como buenos, tan sólo contiene argumentos válidos para el ámbito de la conciencia. Si bien existen diferencias entre el Derecho y la Ética, lo cierto es que existen puntos de conexión.

Es así que podemos ver que muchas reformas jurídicas surgen de convicciones éticas que permean el contenido de nuestras normas jurídicas. Y esto es así, porque aunque se trata de disciplinas distintas, tanto la ética como el derecho norman la vida de las personas; las dos hacen referencia a un tribunal, uno interno que es la conciencia y, el otro, externo. Las dos pretenden desde un argumento normativo contribuir a mejorar el paso del ser humano en su devenir histórico.  

El contenido del derecho y de lo moralmente ético pueden coincidir, aunque difieran en la forma de exigir su realización. Si bien la Ética y el Derecho tienen una legislación distinta y por ende, un tipo de obligación diferente; lo cierto es que tienen una relación directa. El Estado de Derecho requiere de un comportamiento ético para funcionar y cumplir su cometido, pues de nada sirve un sistema jurídico bien construido si quien lo aplica, administra y conforma es corrupto. El Estado de Derecho ayuda al comportamiento ético de las personas, pues constituye una condición de posibilidad para el despliegue de la moralidad de las personas.

He aquí el contexto en el que coinciden, en una dinámica de irritación perenne, de sinergias y tensiones, el operar de la Ética y el Derecho. Las relaciones entre ellas son materia de discusión y análisis, encuentros y desencuentros, que entrañan un enorme potencial de mejora de la convivencia y el bienestar, no sólo en la Ciudad de México sino también en la sociedad-mundo.

La Constitución de la Ciudad de México brinda el pretexto grandioso para este Seminario interdisciplinario en el que la reflexión filosófica y jurídica se vuelve fundamental. Se busca que este ejercicio sea ejemplo de inclusión y pluralidad en medio de la diversidad, con el compromiso irrestricto de ajustarse a la regla no coactiva del mejor argumento. Son atendibles las argumentaciones de quienes sostienen que Ética y Derecho son ámbitos de acción (o comunicación) ontológicamente separados, cada cual con sus respectivas objetivos y reglas de operación. Igual lo son las que sostienen que, matices singulares aparte, son las dos caras de la misma moneda del deber ser; sea porque piensan que, o la Ética es la continuación del Derecho por otros medios, o porque consideran que el Derecho es el traspatio de la Ética (la moral como fuente del Derecho). Desde cualquier perspectiva, las relaciones se vuelven materia de un debate potencialmente fructífero.

Las temáticas que abordamos en las sesiones fueron:

  • Ética y Constitución de la CDMX
  • El concepto de pluralismo en la Constitución de la CDMX
  • La función social del suelo en la Constitución de la Ciudad de México
  • El Sistema anticorrupción de la CDMX
  • Ética y derecho ambiental en la Constitución de la CDMX.

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