Un laberinto hacia la desensibilización

La difusión de ideas por internet es cada vez más efectiva. Compartir videos y fotos con el objetivo de hacer reflexionar a los usuarios puede ser una buena iniciativa… Aparentemente. Sin embargo, el exceso de información y la velocidad con la que cambia y se olvida hacen que cualquier video, foto o frase emotiva pierda significado. Y, lo que es peor, condiciona la acción social. Nos estamos acostumbrando a “solucionar” los problemas de los demás con un “compartir” o un “me gusta” porque nuestra realidad se vuelve la mera representación del sujeto retratado. Nos quedamos en la fotografía que compartimos.

Además, hay una pérdida de la realidad causada por la ruptura del tiempo y del espacio en el internet. Del tiempo porque el internet almacena toda la información y del espacio porque se puede transmitir una idea o la realidad desde el otro lado del mundo [1]. Con eso se crea una nueva percepción que, si bien podría ayudarnos a concebir las distintas realidades como nuestras, también puede alejarnos de ellas. Sucede algo parecido a la “musealización”: vamos al museo que retrata las peores tragedias y crímenes de la humanidad, nos sobrecogemos al pensar en lo bajo que puede caer el hombre y luego, continuamos con nuestra vida. Olvidamos y nos desentendemos del sufrimiento ajeno justo porque nos es ajeno; nos separa una barrera territorial (en caso de que la tragedia haya ocurrido en otro lugar) y otra temporal. Esta última nos distancia aún más de la otra realidad porque nos vuelve totalmente inútiles: no podemos cambiar el pasado.

Al “musealizar” los eventos, no los sentimos como parte de nuestra realidad y evitamos toda clase de responsabilidades. Lo mismo pasa con las fotografías y videos que nos comparten cada cinco minutos en Facebook. Nos sentimos incapaces de ayudar a las víctimas de la violencia o de la desigualdad. Y empeora: el constante bombardeo de imágenes nos está desensibilizando. Hay una creciente indiferencia por parte de los usuarios. Por lo que salimos a la calle y no nos hace ruido las condiciones deplorables en las que viven algunos ciudadanos.

Ante este creciente fenómeno, creo que la solución sería situarnos en un tiempo y un espacio determinado para recuperar la realidad más allá de las representaciones. Hay que promover los videos que traten problemas sociales actuales, en un territorio cercano al punto de ubicación del usuario. De esta manera, los internautas no se sentirán obstaculizados por las barreras del tiempo y del espacio. Si quieren hacer un cambio, tendrán la facilidad de ver los problemas cercanos a ellos para poder actuar sin necesidad de recorrer un largo trayecto. Y, por otro lado, evitar crear y promover videos cortos (que retraten el sufrimiento) porque la velocidad con la que se nos presentan afecta la manera en la que percibimos. Si tenemos una aproximación más duradera a las distintas situaciones, podemos percibirlas como más reales. Y en la medida en que salimos de la mera representación (de la fotografía o video) creamos lazos de empatía con los sujetos retratados; lo que impulsa a la acción social.

[1] Navarro, M. (2017). Seminario de ciudadanía, Medios de comunicación y redes sociales. México: Universidad Panamericana.

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