Tabarnia Lliure!

https://vimeo.com/251025638

Por Bernardo Sainz (gen. 2015)

El 21 de diciembre presenciamos la que quizás fue la última paradoja política del muy ajetreado 2017. Las elecciones en Cataluña, con récord de participación, nos revelaron una fotografía precisa de la opinión pública catalana, pero un futuro incierto y un resultado difícil de codificar. El independentismo pierde en número de votos, los partidos favorables a la independencia de Cataluña se quedan en 47% del total, y la elección la gana Ciudadanos que se consolida como líder del bloque constitucionalista o anti-independencia. Sin embargo, dadas las leyes electorales españolas que favorecen a las comunidades menos pobladas, el conjunto de los partidos independentistas logra una victoria en número de escaños en el parlamento y mantiene su mayoría (aunque con dos escaños menos que en las pasadas elecciones). Por lo tanto, el partido más votado no puede gobernar, y aunque queda claro que la mayoría de los catalanes no quiere la independencia, lo más probable es que se forme un gobierno independentista en coalición.

Esta situación, sumada a la tensión que se ha vivido en los últimos meses (o años) entre los catalanes, fue el caldo de cultivo para la creación de una ocurrencia política que ha dado la vuelta al mundo como trending topic y ha aparecido en medios internacionales: Tabarnia.

¿Qué es Tabarnia?

Tabarnia en estricto sentido es el nombre inventado por la plataforma “Barcelona is not Catalonia” (una clara referencia al “Catalonia is not Spain”) para referirse a una zona que engloba varias comarcas de Tarragona y Barcelona en las que el independentismo es minoría. La región que cubre Tabarnia genera la mayoría de la riqueza económica de Cataluña y tiene una densidad poblacional mucho mayor que el resto de la comunidad autónoma. La evidencia más clara de la existencia de Tabarnia se encuentra en el mapa electoral del pasado 21 de diciembre.

Barcelona is not Catalonia” no pasaba de ser una anécdota de internet con unos cuantos cientos de likes y follows en Facebook y Twitter, pero después de las elecciones se viralizó generando decenas de miles de seguidores, una petición en change.org con 250,000 firmantes, más de 30 grupos pro-Tabarnia, reportajes y entrevistas en los principales medios europeos, y un evento para la simbólica “investidura” del presidente de Tabarnia (el actor y dramaturgo Albert Boadella).

En pocas palabras Tabarnia es un contraargumento al independentismo catalán, que surge de la lógica de que si España es divisible, entonces también lo es Cataluña, y las regiones que no están de acuerdo con la independencia no tendrían por qué seguir siendo víctimas de un proceso político que no les representa y que podría tener consecuencias irreversibles. Lejos de la supuesta unidad a favor de la independencia de la que presumen los soberanistas, Tabarnia pretende representar la pluralidad de Cataluña.

Tabarnia muestra entre bromas que la concreción de su territorio imaginario como una nueva comunidad autónoma es igual o más factible y razonable que la separación de Cataluña del resto de España. Tabarnia es independizarse del independentismo.

Gran parte de la genialidad de Tabarnia consiste en utilizar los mismos argumentos del independentismo en su contra. Por ejemplo:

Dentro de Cataluña existe un claro déficit entre los impuestos que pagan los tabarneses (sí, el gentilicio ya fue aprobado por la RAE) y lo que el gobierno de la Generalitat destina a esa región, mismo argumento que utilizan los catalanes contra la distribución de fondos autonómicos que realiza el gobierno central de España.

Los tabarneses dicen no sentirse identificados con los catalanes de regiones más independentistas y rurales que los “reprimen” para seguir siendo parte de una Cataluña retrógrada, de la misma manera en la que los independentistas se refieren a la “represión” del gobierno central español. Algunos tabarneses se refieren a la Cataluña rural e independentista como “Tractorluña” o “Tractoria” (que consideran el gran rival imaginario de Tabarnia), una mofa hacia las peregrinaciones de tractores que realizan los agricultores independentistas cuando se manifiestan en grandes ciudades o cierran carreteras.

Los tabarneses también enfatizan la corrupción de los partidos soberanistas, de la misma manera en la que el independentismo utiliza la corrupción del Partido Popular como argumento para la separación.

Haciendo mímica de la manera en la que los catalanes independentistas se presentan como el motor económico de España, Tabarnia presume de ser la región más próspera y cosmopolita de Cataluña, una región que quiere seguir siendo parte de España y de la Unión Europea.

Otro argumento que refleja al independentismo es el del derecho de autodeterminación. Los que se consideran tabarneses exigen la posibilidad de realizar un referéndum para la creación de una nueva comunidad autónoma y así “salvarse” de cualquier intento catalán de independencia. La clave de esta propuesta, y lo que la distingue del argumento independentista, es que la creación de una nueva comunidad autónoma sí está prevista en los artículos 143 y 144 de la constitución española, por lo que un referéndum de autodeterminación en este caso sería legal, a diferencia del referéndum separatista del primero de octubre que fue declarado ilegal por el Tribunal Constitucional por pretender la separación unilateral y la conformación de una República.

Las iniciativas pro-Tabarnia argumentan también en contra de la ley electoral que le da más peso a los votos de las regiones menos pobladas, razón por la que el independentismo se encuentra sobrerrepresentado en el parlamento. En algunos casos un voto tabarnés vale 3 o 4 veces menos que el voto de alguien de Girona o de Lleida.

La iniciativa de Tabarnia se mueve entre la ironía y la broma de twitter y la concreción de un proyecto real. Tabarnia es un espejo satírico, espontáneo, surgido de internet, en el que el independentismo ve sus propias contradicciones y que, por su constitucionalidad, es inmune a sus críticas.

Más allá de la viabilidad del proyecto, la recién inventada región de Tabarnia es un argumento político perfecto y sus impulsores se niegan a que sea una ocurrencia pasajera. Quién sabe, a lo mejor dentro de algunas décadas vayamos a visitar la Sagrada Familia en Barcelona, capital de Tabarnia, España.

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