Better Call Saul: la moral vs la ley

Better Call Saul, como muchos saben, trae a muchos personajes de Breaking Bad para contar una nueva historia en las calles de Albuquerque, New Mexico. Y no es secreto que el protagonista, Saul Goodman (James McGill), se envuelva en una narrativa sobre el mundo del crimen, las drogas y la moral, tal como Walter White en Breaking Bad.

“Una serie como esta, resulta sugestiva por advertir las hipocresías tanto de los buenos como de los malos”.

Uno de los discursos focales en Better Call Saul es la relación entre lo que es moralmente correcto y lo que dicta la ley. El planteamiento es similar al de Breaking Bad, pero se acentúa más en Better Call Saul. Por un lado tenemos los personajes que representan el polo del cumplimiento de la ley: Charles McGill, Howard Hamlin y Kim Wexler, todos abogados de una respetable firma; en el otro extremo se encuentran la familia Salamanca, Gustavo Fring y Nacho Varga, todos criminales envueltos en el negocio de las drogas y el robo. Lo interesante, según lo veo, son los dos personajes que representan grados intermedios: Jimmy y Mike, uno abogado con pasado de timador y, el otro, un ex-policía de moral flexible pero con códigos de comportamiento rígidos, un criminal con honor.  

De manera implícita, durante la serie, las acciones de los personajes reflejan una inquietante interrogante: ¿qué es hacer lo correcto cuando el sistema de justicia no funciona bien?  Jimmy en particular se desliza constantemente entre ambos opuestos sin decidirse completamente. Quizá se explique por la misma falta de completitud moral en todos los personajes. Es decir, incluso los abogados, quienes han jurado defender la ley a toda costa, suelen ser convenencieros y moralmente dudosos sin cruzar la línea del crimen. Y los criminales, por otro lado, aun con todas sus actividades ilegales, quieren ayudar a sus familias y conducirse bajo códigos personales. Es curioso, por ejemplo, que el hermano de Jimmy, Chuck, sea un abogado tan comprometido con la verdad y al mismo tiempo falle en ver que su alergia contra la electricidad sea una ilusión.

Una serie como esta resulta sugestiva por advertir las hipocresías tanto de los buenos como de los malos. Es un discurso poco común, al menos en su narrativa, pero busca generar tensión en el espectador del mismo modo en que la sienten los personajes ambivalentes. En realidad, si observamos detenidamente, resulta sencillo ver que los personajes que más se recargan en alguno de los extremos morales o están locos o están enfermos. No estoy muy seguro si Vince Gilligan y Peter Gould desean enseñarnos moralejas con esta serie, pero definitivamente tratan de advertirnos sobre los excesos de la ley como único concepto guía.

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