De estudiantes a filósofos

XXI Coloquio de alumnos de la Facultad de filosofía de la Universidad Panamericana, noviembre 2017

Una vez al año los salones se ponen de cabeza en la Facultad de filosofía. Los alumnos se sientan en el podio y los profesores en los pupitres; los alumnos dicen lo que piensan y los profesores hacen preguntas. En realidad tanto maestros como alumnos, amigos y familiares se sientan en los pupitres. En cada ponencia un alumno de los semestres avanzados expone un tema y un alumno de los primeros semestres le replica; después el foro se abre al público para que los asistentes hagan preguntas. Suelen tratarse temas que se tocan poco en las aulas como el papel de los sueños en la filosofía de Schopenhauer, qué es la música, qué es una obra de arte y cuál es su relación con el artista, o si debemos respetar a los animales.

Una vez al año los salones se ponen de cabeza en la Facultad de filosofía.

Dentro de los mismos temas hubo controversia. A las 11:50 Ricardo Cardoso propuso que los novelistas son responsables de todas las ideas que escriben en sus obras, basándose en el pensamiento de Jean Paul Sartre. En menos de una hora, a las 12:40, Liliana Sánchez echó mano del pensamiento de Arthur C. Danto y sostuvo que el la historicidad, aunque es un constitutivo fundamental de las obras de arte, no te permite comprender al objeto artístico por lo que es en sí mismo; incluso para apreciar estéticamente una obra de arte no es necesario apelar a su narrativa (a la intención del artista). Igual que en el caso del arte, hubo posturas diversas conviviendo en el mismo coloquio y dándole cuerda al pensamiento.

En la atmósfera de la filosofía de nuestra época, es costumbre que los expositores de cualquier grado de estudios presenten el pensamiento de algún otro filósofo y se abstengan de dar sus opiniones sobre el mundo. No obstante, hubo alumnos que se atrevieron a hablar de sus propios pensamientos. María Inés del Rocío, considerando el pensamiento de Aristóteles y de algunos de sus comentadores contemporáneos, defendió que a la felicidad no le es esencial una perfecta inteligencia; Ana Victoria Martín del Campo problematizó el papel de la música en la filosofía, adujo que es necesario filosofar sobre la música per se, ya que hasta ahora todos los que han filosofado sobre la música lo han hecho con relación a otra ciencia (a la pedagogía, a la ética y a la espiritualidad, entre otras); Víctor Hernández abordó el tema de la violencia en México, propuso que ésta disminuiría si atendemos a sus causas más que a sus efectos; y Alberto Domínguez cuestionó el modo en que hacemos filosofía hoy en día.

Fernando Cruz también, considerando el pensamiento de otros filósofos, expuso ideas personales. Trató un tema sumamente controversial y relevante no sólo para los filósofos, sino para todo ciudadano del siglo veintiuno: el papel de los animales en la ética. Fernando considera que los animales son fines —no racionales, pero sí fines que valen por sí mismos—. Argumentó que los animales de ningún modo deberían pensarse como un elemento del bienestar de los humanos. Si alguien piensa que está bien comer animales para el bienestar humano —sostuvo él—, entonces esa misma persona debería estar de acuerdo con que alguien se alimente de humanos privados de sus facultades racionales (lo que no deja de ser antropofagia); porque el criterio de dignidad en ese caso es la racionalidad, y quienes están privados de sus facultades no son propiamente racionales. Por el contrario, los animales también hacen consciencia de sus estados de bienestar y de sufrimiento; saben que ellos son los que están sufriendo. Tristemente ningún profesor asistió a esta ponencia. Sin embargo, fue una prueba vívida de la gran capacidad de los alumnos para tratar problemas que acucian respuestas en la sociedad actual.

Hubo también exposiciones muy detalladas sobre aspectos del pensamiento de los grandes filósofos. José Miguel Villalpando habló de la necesidad del aspecto práctico en la filosofía; María José Bravo y Adrián Gastelum, trataron aspectos del pensamiento de Agustín de Hipona; Sofía Macouzet mostró cómo para David Hume es imposible afirmar la existencia de los universales; Jorge Uriel relacionó aspectos de la epistemología kantiana con la de Nietzsche; Ricardo Ayala e Iñaki Figueroa hablaron de Schopenhauer (uno de esos filósofos que no encuentran un lugar en el plan de estudios); y Gustavo G. Pacheco comparó las argumentaciones de Plotino y de Fichte respecto a la existencia de las cosas sensibles; fue una ponencia difícil de seguir pero muy iluminadora respecto al pensamiento de Plotino.

«La universidad empieza cuando los alumnos salen del aula».

El Coloquio terminó con la ponencia de Gustavo. Pero no la discusión; hubo un brindis donde durante más de una hora se escuchaban las opiniones acerca de todas las ponencias. Por citar a Carlos Llano, «la universidad empieza cuando los alumnos salen del aula». El XXI Coloquio de alumnos fue una actividad plenamente universitaria.

 

2 comentarios

    • Cito: «No son pocos los filósofos que teorizan sobre la música. Es de conocimiento popular la importancia que, según Platón, tiene la música dentro de la paideia griega, pues penetra en el interior del alma y le infunde una actitud noble . No es coincidencia que su mejor discípulo, Aristóteles, en la Política la reconozca como una imitación directa de las sensaciones morales . Schopenhauer en El mundo como voluntad y representación asegura que el fenómeno musical nos llevará al willenlos o no-querer. Para Nietzsche, la música evocará al rebelde que retornará dionisiaco a Europa . En casi todas las doctrinas filosóficas, la música nunca es protagonista.
      La música ha tenido un papel no prescindible, pero sí secundario dentro de las corrientes de pensamiento. Rara vez ha sido objeto de estudio y no parece merecer su propia terminología dado que cultivarla obedece casi exclusivamente a su aplicación y sobre todo, a efectos secundarios. Parece que hacer filosofía de la música per se es un compromiso dudoso. Parece.
      […]
      Quien se llame a sí mismo filósofo que tome una guitarra, un piano o una flauta si quiere. Pues en la medida en que la música misma motiva a suscitar preguntas y a su vez se resiste a ellas, su análisis es objeto de reflexión y cabe su inclusión en el concepto de ciencia. Por eso, ella es y seguirá siendo: un problema filosófico».

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