“Torre de marfil”: las universidades y el vicio del prestigio

Un trillón de dólares de deuda es algo que antes sólo se imaginaba posible para el mercado hipotecario. Los niveles estratosféricos a los que ha llegado la deuda universitaria, superando esta impensable marca, son síntomas alarmantes. El sistema universitario no comercia una necesidad básica como el mercado hipotecario y, por tanto, es mucho más reducido. Al graduarse, cada estudiante sale al mundo laboral con una aplastante deuda. El dinero que gana en los primeros años de su ejercicio laboral, en parte, se destina a cubrir esa deuda. Entonces, su poder adquisitivo baja.

El documental de CNN “Torre de marfil”, estrenado en 2014 y disponible en Netflix, trata de revelar cómo las universidades estadounidenses llegaron a este nivel tan crítico. Poco tiene que ver la educación o forjar una preparación necesaria para la vida profesional en los encarecidos costos de las universidades Ivy League. La aglutinación de prestigio es lo que mueve a las universidades estadounidenses a subir su precio.

Torre de marfil muestra las nocivas consecuencias que esta lucha descarnada por ser la universidad más prestigiosa ha traído al sistema universitario de Estados Unidos”.

Esto no es algo nuevo. Las universidades nunca han necesitado grandes campañas publicitarias para promocionarse, laboran bajo un esquema diferente. Uno entra a una universidad por lo que la gente dice, la buena opinión forjada durante generaciones. Las universidades más exitosas son aquellas que se han pulido hasta el cansancio para relumbrar prestigio.

Como si se tratara de las carreras armamentísticas del siglo XX, las universidades estadounidenses se desgarran por no quedarse atrás en la búsqueda por el prestigio. Cada que una universidad abre una nueva instalación, las otras se ven obligadas a gastar en un complejo similar que lo iguale o lo supere.  “Torre de marfil” muestra las nocivas consecuencias que esta lucha descarnada por ser la universidad más prestigiosa ha traído al sistema universitario de Estados Unidos y repercute en todo el panorama económico.

El documental revela algo todavía más trágico: la carrera por el prestigio ha hecho que la educación haya pasado a un segundo término. Quizá la escena más reveladora se da cuando un padre de familia le pregunta al decano de una universidad Ivy League si las grandes sumas de dinero que pagará se traducirán en un trabajo para su hijo. El decano sólo puede bajar la mirada y evadir la pregunta. Estudiantes multimillonarios con poco deseo de estudiar, los frat boys y  la cultura del campus party son sólo un puñado de los síntomas producto de esta carrera por el prestigio.

“El documental revela algo todavía más trágico: la carrera por el prestigio ha hecho que la educación haya pasado a un segundo término”.

Si bien en México no hemos llegado a esos niveles de competitividad, no se puede negar que padecemos algo similar. Por lo pronto, mi padre y yo acabamos de pagar, con muchos trabajos, lo que nos quedaba de deuda en mi universidad hace unas semanas. Por una parte, me siento afortunado de haber terminado antes de que la situación empeorara y, por otra, agradezco no tener que trasladarme a Huixquilucan todos los días.

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