Maniatados por la ley

En Latinoamérica confiamos con una entereza infantil en la ley. Pensamos que los problemas se resuelven al legislarlos. Y más aún, que la rígida y sistemática aplicación de la ley traerá, tarde o temprano, paz a nuestro país. Como si las leyes hubiesen sido escritas por dioses. Por lo menos no fue así con el Nuevo sistema de justicia penal.

“Como si las leyes hubiesen sido escritas por dioses…”

Anunciaron el NSJP como una esperanza de transparencia; en especial respecto a los juicios orales. Entró en vigor y en poco tiempo apareció el problema de la portación de armas: un delito que ahora no merece prisión preventiva. ¿Hay presos que no merecen estar en prisión? ¿Muchos criminales aprovecharán esto para ser liberados?

Quiero dejar en claro que no apoyo ni al NSJP (al hecho de que la portación de armas no sea un delito grave), ni a la contrarreforma que propone la Barra mexicana de abogados (quienes pretenden que la prisión preventiva alcance de nuevo a todos los que porten armas ilegalmente). De primera mano, sólo puedo decir que la discusión está planteada en términos pueriles: ¿la propuesta de la BMA es una regresión al antiguo sistema inquisitivo? ¿A quién le importa? Importa saber si es efectiva o si contribuye al desarrollo de la sociedad. Hablar de regresiones y avances en la historia supone que la historia está conformada por un progreso lineal que algún día llegará a la perfección. Sin embargo, sigue pasando el tiempo y seguimos siendo capaces de atrocidades incluso peores.

En mi agenda próxima, no planeo portar armas ilegalmente. No me asusta si vuelve la prisión preventiva o no. Lo que me preocupa es que no sepamos lidiar con la ley de un modo prudencial, y que sigamos creyendo que es una imposición rígida cuasidivina.

El fin de semana que transcurrió entre el 23 y el 25 de junio la Policía federal decomisó tres arsenales de armas ilegales (cuernos de chivo, fusiles Barret o fusiles M16 con lanzagranadas) uno en Guanajuato, otro en Sonora y uno pequeño en Morelos. Todos los responsables quedaron libres. Culparon al NSJP. En realidad, la culpa fue del Ministerio Público, que es responsable de mostrar las pruebas en contra de los criminales. El hecho de que la portación de armas no amerite necesariamente prisión preventiva no implica que, si así lo dispone el juez encargado, ciertos criminales no puedan ser encarcelados durante la investigación del delito. En Guanajuato, Sonora y Morelos, los criminales quedaron sueltos porque no hubo ningún intento de investigación seria.

Este es un caso de los muchos que constatan que la ley no basta para la justicia. De hecho, la ley puede ser injusta. Si para algo nos sirve la inteligencia es para arreglárnoslas con lo que no está claro o previsto. La ley es un artificio humano, lejos está de una prescripción vital. La ley no es buena, a lo sumo nos previene de algunos males o, mejor dicho, delitos. Está escrita por humanos: nosotros somos los criminales. Antes que combatir la corrupción de las leyes conviene luchar contra nuestra propia corrupción, con nuestra condición de humanos falibles.

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