Prensa, democracia y libertad

Por María Inés García Arroyo (Gen. 2015)

El martes 27 de Junio, el Doctor Guillermo A. Tenorio dirigió la segunda sesión del seminario Ámbitos de ciudadanía en la Universidad Panamericana. En espacio de hora y media articuló los principales problemas que existen alrededor de la libertad de expresión en un rango de la absolutización a la censura.

¿Define a un ciudadano su compromiso con el debate público? ¿O por el mero hecho de ser libre uno es ya ciudadano?

Como primer extremo de los problemas, Guillermo Tenorio expuso dificultades ante la consideración de la libertad de expresión como piedra angular del sistema democrático y las garantías individuales. Esta aproximación a la libertad de expresión es de corte maximalista, es decir, que se le toma como un fin en sí mismo, un absoluto.

Una vez que se presentó el problema, surgieron varias preguntas entre la audiencia: si el espacio público permite la formación de opinión pública para los partícipes activos, ¿Define a un ciudadano su compromiso con el debate público? ¿O por el mero hecho de ser libre uno es ya ciudadano? ¿En verdad es el Estado el que otorga la libertad? Parece por momentos que para permitir una participación igual entre todos los individuos es necesario prescindir de la noción de verdad.

Guillermo Tenorio presentó la teoría del libre mercado de ideas, dividida en la teoría del tótem –que permite la digresión e incluso el quebrantamiento de aquello que es considerado lo más sagrado para el hombre— y la teoría de la veracidad de la información.

Lo ideal sería que el ciudadano se comprometiera con el Estado y solicitara información directamente de él.

La libertad de expresión presenta problemas también con respecto a la censura, el prototipo de violación a la libertad de expresión por medio de abuso del poder. Entre otros, algunos escenarios de censura incluyen la incautación de materiales de difusión o la prohibición judicial de alguna publicación. Guillermo Tenorio admitió que deben existir limitaciones a la libertad de expresión y penalizaciones por su abuso, pero que estas no pueden ser desproporcional a la falta.

Existen discursos no protegidos, como aquellos de odio o de pornografía infantil, y otros tantos protegidos como los de los políticos, los de los funcionarios y las expresiones de la dignidad humana.

En conclusión,  con el análisis del papel del ciudadano mexicano en cuanto a la libertad de expresión y su participación en el debate público, Guillermo Tenorio considera que lo ideal sería que el ciudadano se comprometiera con el Estado y solicitara información directamente de él. También se recalcó que, aunque hoy en día existan mayores posibilidades y medios para expresarnos libremente, la opinión pública cobra menor relevancia.

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