Antes perro que político*.

Por Víctor Rivas

@Víctor_Rivas

Aristóteles de Estagira sostuvo en su Política que el hombre es un animal político, un animal social, civil, capaz de edificar relaciones con los otros. Como toda definición, reduce, limita. Ésta es una mera descripción de un aspecto entre muchos. Tras ella, la imaginación de los filósofos y sociólogos se regodea en un onanismo intelectual capaz de fundamentar teorías y estudios (los clásicos le llamarían chaqueta mental). Ya pesado es llevar la idea de que uno es un animal. A algunos nos llaman así por nuestro aspecto (señoras gordas como vacas, tipos necios como burros, niños brincadores como cabras) o bien por nuestro comportamiento irracional (cruzar una calle sin voltear, decirle a la suegra que su comida no es tan buena como la de su consuegra). Ambos modos de ser animal refieren a una parte poco inteligente del comportamiento o de la toma de decisiones (parecer una vaca preñada, señora, lo siento, es un asunto de una mala toma de decisiones).
El estatuto de animal solo es el puente para que en algún momento podamos abrazar a un orangután en público y gritarle primo con entusiasmo. No me molesta que mis parientes se anden por las ramas, desnudos, tragando frutas, pescado, plantas (como turistas en las playas esas del sureste de este país). Ni me molesta saberme un animal en puerco y forma. Me gusta mi animalidad, sudar, evacuar, gruñir, copular. Solo hay un problemita. Lo de político se lo devuelvo, se lo regalo a Aristóteles (el de Estagira, bueno, también al de Jalisco).
El asunto es muy simple. La educación es el punto clave. Yo soy un animal educado. Claro que el término “educado” se dice de muchas maneras, como decía el griego. Hoy ser político es sinónimo de ladrón, hijodeputa, pendenciero, mentiroso. Lejos de ser un animal, el político es un ser inteligente que busca el beneficio propio haciendo creer al otro que éste es para todos. La sustancia que le falta a la fórmula es la educación.
En cualquier ciudad de este país, ser educado es mejor visto que ser político. Educado es tener una buena conducción para los fines, es saber hacer, saber elegir, saber distinguir. Un hombre educado (no pensemos en un copetudo bien trajeado, egresado de una buena universidad católica) es el que sabe lo que quiere. El que se conoce a sí mismo (perdone, Don Aristóteles, pero su abuelo Sócrates ya le dio un coscorrón).
El hombre es un animal (que puede ser) educado, y que en la medida en la que se olvida de sí mismo se convierte en político (o secuestrador, asesino, estafador, bueno para nada, narco).
En este país, en este estado, en esta ciudad, en este pueblo así funcionan las cosas desde hace casi 100 años. Así nos educaron.
No tenemos futuro desde la política. Nuestro futuro no es futuro porque ya sabemos cómo es. Necesitamos cambiar el futuro desde la educación. Así nos educaron.
¿Y si educamos al animal para que no sea político sino humano?
Yo, antes muerto que político.

+[Aclaración clara, clarísima. Queridos amigos y demás que sean fans, grupis y densos de Aristóteles: el que esto escribe sabe que en 1253a 20 el señor de Estagira quiere decir “animal social”, “animal cívico” o la burda “animal político”, refiriéndose a esa labor, actitud, presencia social, civil, activa de un ciudadano, y no a la tontería esa que propongo de político como señor con corbata y traje caros que se desparrama en una curul. Sí. Sin embargo, déjenme jugar y ser así como uno es y tergiversar y hacerse el loco con la filosofía y sus fuentes].

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