El aliento de la nueva juventud (Segunda Parte)

Por Ramón Enrique Reyna García (Gen. 2014-2018)

La juventud crece sin saber mucho sobre la virtud del estudio y, en la mayoría de los casos, sin el menor interés. ¿Cuántas veces no hemos escuchado: “Ojalá hubiera aprovechado más mis estudios”? Por supuesto, para el joven, percibir la riqueza de la Historia o de la Filosofía es casi imposible, y más difícil aún cuando puede oler fácilmente los frutos de tener una empresa propia o trabajar en la industria del entretenimiento. ¿Acaso no se ven felices aquellas personas que salen en televisión o en Youtube? No creo que la vida de los personajes que aparecen en pantalla sea tan fácil, seguramente muchos de ellos se esforzaron para que todo saliera como aparece en el corte final. Sin embargo, no vemos el trabajo duro que hay detrás. Si alguien hiciera una película de todas las horas de grabación en lugar del resultado final, recortado a 2 horas o 15 minutos, seguramente nadie iría a ver la película o nadie vería vídeos de YouTube. Sería demasiado aburrido para el espectador de 17 años ver el rodaje de una escena que se repite 10 o 20, sólo para parecer graciosa o genial en el corte final.

“Para el joven, percibir la riqueza de la Historia o de la Filosofía es casi imposible”.

Los abogados, los empresarios e incluso los doctores parecen geniales en las películas y en las series. Resulta genial poder ver los resultados del trabajo duro de empresas y profesionistas. Lo que no parece tan genial es aquello que no podemos percibir. No parece genial alguien que trabaja encerrado más de 8 horas, pero sí parece genial su auto de lujo. No parece genial una publicación seria con 2 likes, pero sí, la publicación graciosa con 1,548 likes. Todo parece indicar que algo importa sólo si tiene resultados visibles.

La empresa de la juventud quiere resultados: dinero, vacaciones, fiesta. “¿De qué sirve aprender si no se puede medir ni disfrutar en el momento?”. La mayoría de los jóvenes piensa que dentro de lo que aprende hay cosas completamente inútiles. Una tarea difícil de cumplir para los maestros —limitados en su trabajo y sin más potestad que la de tratar de contagiar el amor por el conocimiento— es la de vender un producto que no se puede usar de inmediato y que tampoco trae instructivo para saber cómo y cuándo usarlo.

“La empresa de la juventud quiere resultados: dinero, vacaciones”.

Por eso, la educación debe tomar un nuevo enfoque, no pretendo decir cuál, pero algo es seguro: subordinar la reflexión al pensamiento lógico-matemático no es la solución, la gente necesita aprende a reflexionar de muchas maneras no sólo por medios cuantificables y visibles. Mientras tanto, el aliento juvenil aún tendrá un aroma monetario con un toque de anhelo de fama barata.

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