La peor broma de la historia

Por Gabriel González Arouesty (8° semestre, FilosofíaUP)

Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos y todos quieren poner su granito de arroz para mostrar su inconformidad. Unos organizan marchas, otros muestran su descontento en las redes sociales, hay algunos que incluso escriben ensayos en su contra. En fechas recientes, ha surgido la opinión de que la vanguardia de la oposición en contra de Trump la lideran los comediantes que lo satirizan.

“Fue la sátira, la mejor amiga de los críticos y la peor enemiga de los políticos, la que llevó a Trump a la presidencia de los Estados Unidos”.

Cuando a una persona se le enaltece hasta el extremo más alto y de ella sólo se pueden decir cosas serias, el aguijón de la sátira política es necesario. En la política, la sátira es el ácido que se utiliza para quitarle esa cochambre de dignidad a las personas enaltecidas para mostrarlas en toda su mundanidad. Se les baja de su pedestal y se les zarandea para que entiendan que todos somos iguales. Después de todo, Napoleón alcanzó a conquistar España, pero nunca pudo alcanzar la alacena sin la ayuda de un banquito.

La sátira es un proceso sano y necesario para toda democracia, no sólo provoca risas. En la mayoría de las personas es causa de aversión e indignación, pero esto sucede justo porque la persona satirizada fue sacralizada con anterioridad. Esa mezcla entre risa e incomodidad es una señal de que la sátira es adecuada.

En el caso de Trump, desde el principio de su campaña no se le tomó en serio, toda la prensa lo aplastó por sus propuestas. Se sabía que era todo lo que estaba mal. Aún así todos sus rallies fueron televisados, las redes sociales se llenaron de burlas, todos los talk shows le dedicaron sketches; Trump era practicamente el punching bag de todas las bromas. La cobertura desmedida empezó a difundir el mensaje de Trump a todas partes; los gringos descontentos con la economía después de la crisis del 2008 escucharon sus palabras y le pusieron atención,  le empezaron a creerle. Hubo un momento en el que ya no se podía hacer nada: quien no transmitiera los discursos de Trump perdería ratings. Trump poco a poco anidó en los medios,  como algo diario en todas las programaciones, luego empezó a vencer a sus rivales en las primarias y consiguió la nominación. Resultado final: ganó la presidencia. Cada triunfo asombró a la prensa y aumentó las ridiculizaciones.  El chiste era la mejor manera de acabar sus aspiraciones. Resultó contraproducente: el espectáculo que los medios hicieron de Donald Trump es la evangelización más efectiva de la historia.

El día que Trump ganó la presidencia, Stephen Colbert se quejaba en su programa de la omnipresencia de las elecciones en la mente de todo el mundo. Colbert recordó que ni siquiera cuando pasó Watergate, el mayor escándalo político de Estados Unidos,

“La sátira es un proceso sano y necesario para toda democracia, no sólo provoca risas”.

la gente se había interesado tanto en la política. Con un hastío de la ansiedad provocada por la victoria de Trump, pidió regresar a esos tiempos más simples de la política como una preocupación pasajera. Stephen Colbert pidió eso, el mismo que descaradamente llenaba su programa con sketchesy que desarrolló una caricatura de Trump a la que entrevistaba en tiempo real. Colbert no comprendió que el problema no era que todos estuviéramos preocupados por la política, sino que los medios hayan metido a todos en un diálogo que se basaba en chistes y payasadas. Fue la sátira, la mejor amiga de los críticos y la peor enemiga de los políticos, la que llevó a Trump a la presidencia de los Estados Unidos. La cualidad corrosiva de la sátira quita lo serio y deja lo mundano. Por eso, al soltar el ácido sobre Trump, su persona quedó intacta; pero todo lo digno Estados Unidos, su democracia y sus instituciones, se corroyeron hasta un punto quizá irreversible.

Que la sátira, la mejor medicina contra el autoritarismo y la tiranía, haya logrado debilitar así a la primera democracia moderna es muy triste. ¡Qué digo triste! Es la peor broma de la historia.

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