El aliento de la nueva juventud (Primera Parte)

Por Ramón Enrique Reyna García (Gen. 2014-2018)

Hace unas semanas, en YouTube, una joven expresó una negativa opinión sobre el sistema educativo. Esta conocida postura en la que se cuestiona el papel de las instituciones educativas ya ha sido expresada repetidas ocasiones de distintas maneras. En su mayoría, los pensamientos compartidos hablan de un sistema obsoleto. Las posturas siempre toman un matiz de falta de utilidad.

Mars Aguirre es el ejemplo perfecto de lo que piensan la mayoría de los jóvenes de las instituciones educativas. La voz silenciosa expresada por los sonidos de bostezo y expresiones somnolientas de los alumnos en las aulas deja la sutil sensación de que algo ya no funciona. Las palabras de esta joven de 16 años son una advertencia para las instituciones educativas: la educación se ha vuelto una pluma caída del mundo empresarial.

Resulta catastrófico pensar que el pensamiento de la empresa se lleva hasta las escuelas y, más aún, que las personas consideren la escuela como un simple negocio. La educación ha perdido valor para los jóvenes. Aunque no rechazan por completo su función formativa, ya no la consideran una necesidad en la su vida; sino algo que tomarán sólo si les viene en gana, un derecho, no una obligación.

La deshumanización del sistema educativo recuerda mucho al pensamiento del que dirige una empresa con fines de lucro: “¡Resultados!, Queremos resultados, no me interesa si la intención fue la buena, estoy perdiendo dinero y tiempo”. La educación no se debe medir de esta manera; la educación se muestra por otros medios que son sutiles y más potentes que el dinero y los aplausos. Muchos padres de familia y estudiantes piensan en la escuela como si fueran clientes en una operación de compraventa: la escuela ofrece un producto, si el cliente no está cómodo por cualquier causa, se castiga a la institución con el rechazo.

En algún sentido obtener resultados es importante, pues se tiene que exigir efectividad, pero la educación exige que la persona tenga la disposición de educarse, no es adoctrinamiento, sino recepción, aprehensión y comunicación. Educar y educarse son actividades relacionales: una cosa es cultivar manzanas y otra muy distinta, comprar manzanas. Lo primero requiere que se riegue, con toda la dedicación y esfuerzo, el manzano aun sin saber cuántas manzanas habrá y si estarán grandes y jugosas; lo segundo, consiste en comprar las manzanas en el mercado, pero al pagar por ellas no se obtienen los beneficios del esfuerzo y la dedicación que conlleva cultivarlas.

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