Sesión IV: ¿Es el modelo o somos nosotros? Análisis crítico de nuestro modelo económico, financiero y empresarial.

IV. Ponente: Actuario Jorge López

The twentieth century, for example, witnessed both incredible advancement and unspeakable tragedy. The 1918 influenza epidemic killed fifty million people, World War II killed another sixty million. Tere were tsunamis, hurricanes, earthquakes, fires, floods, even plagues of locust. Despite such unrest, this period also saw infant mortality decrease by 90 percent, maternal mortality decrease by 99 percent, and, overall, human lifespan increase by more than 100 percent. In the past two decades, the United States has experienced tremendous economic upheaval. Yet today, even the poorest Americans have access to a telephone, television, and a flush toilet—three luxuries that even the wealthiest couldn’t imagine at the turn of the last century. In fact, as will soon be clear, using almost any metric currently available, quality of life has improved more in the past century.

‘Abundance’.

En su ‘Apología’ Sócrates expone que una de las facetas del filósofo es ser como un tábano o mosquito: un ser incómodo «que ha sido colocado en la ciudad […] para despertar, persuadir y reprochar». (Platón, ‘Apología de Sócrates’, 30e.)

Irónicamente, en la cuarta sesión de #ámbitosdeciudadanía el tábano no  fue un filósofo ni un poeta, sino un empresario. Con su “optimismo crónico degenerativo”, el actuario Jorge López vino al seminario de ciudadanía a persuadirnos y reprocharnos por nuestro real o aparente alarmismo y pesimismo, enriqueciendo la conversación con la perspectiva de un hombre que está allá afuera, en el mundo de los negocios y del activismo civil. En síntesis, Jorge intentó desmarcarse de las ideologías y juicios de valor y limitarse a señalar hechos. Comenzó argumentando que nuestro sistema económico no es ni malo ni bueno, sino que simplemente está ahí (es un hecho) y, en cierta medida, funciona. Y remató: “no es el modelo, somos nosotros”. Como aquél argumento que dice que el cuchillo no es bueno, ni malo, sino depende quién lo usa y para qué.

Encarando nuestra sospecha y desencanto posmoderno y con una retórica tecnológica y futurista, el matemático dispuso al auditorio para ver con mejores ojos al progreso humano. “No nos quedemos sólo en el pasado. Miremos hacia el futuro”, recomendó. Y una vez aclimatados, comenzó exponiendo uno de los principios en los que, según cierta tradición, se enraíza la dinámica económica de casi todas las comunidades de todos los tiempos: la “alineación de incentivos próximos” (AIP) o el beneficio propio.

AIP = Beneficio personal * Posibilidad de Éxito (todas las variables circunstanciales)

Si entendemos bien, esta fórmula descansa en el principio egoísta de la economía liberal (egoísmo en el mejor de los sentidos): la llamada teoría de la mano invisible, que dice algo más o menos así: si todos buscamos el propio beneficio y hay división de trabajo, automáticamente se generará comercio y competencia entre nosotros y, por lo mismo, se echará a andar nuestra sociedad. Dicho pronto y mal, nuestro amigo Jorge es un orgulloso liberal. Y es razonable, pues, como nos platica, le ha ido bien en la feria.

Frente a la lluvia de críticas que se sucedieron a este pronunciamiento, Jorge montó una notable defensa. Hay que decir que un porcentaje muy alto de participantes éramos filósofos (varios rojillos y, peor, millenials). Ya se imaginarán.

Mencionaré las críticas más fundamentales:

1. Contra el crecimiento económico:

Anyone who believes exponential growth can go on forever in a finite world is either a madman or an economist.

—Attributed to Nobel Nominee Kenneth Boulding in: United States. Congress. House (1973).

Dice así: si nuestro actual sistema económico se sostiene por el principio del crecimiento (si dejamos de crecer colapsamos), y si los recursos del planeta son finitos (y el medio ambiente ya está rebasado y lastimado), que es el caso, luego este sistema económico es insostenible a mediano y largo plazo.

A lo que el actuario contestó ágilmente lo siguiente:

La idea de que el capitalismo se fundamenta en la producción y acumulación se está superando. Con todas las nuevas formas de hacer negocios, la economía colaborativa (“sharing economy”: Uber, Airbnb, Spotify, Sharing academy, Ways, etc.), el crecimiento económico “infinito” es posible, pues se da en el usufructo, no en la producción. Hoy el capitalismo quiere fundarse en el flujo, no en el activo. Entonces se podría seguir creciendo sin elevar el consumo de recursos naturales. Y redondeó con la cultura del reciclaje y la esperanza en energías renovables.

Aunque el mismo Jorge aceptó que todavía no está claro cómo migraría toda la economía tradicional a economía colaborativa. Si eso es posible.

2. Desigualdad

“No somos, ni tenemos por qué ser iguales”, afirmó prudentemente el actuario, para persuadirnos de no perder tiempo en algo que es inevitable y, además, constitutivo de la riqueza humana. Frente a lo cual el poeta Julio Hubard precisó: “El problema no es la desigualdad social, sino las condiciones de vida de quien está abajo”.

3. Pobreza y miseria

¿El dinero llama dinero? Sí, todo el mundo lo sabe. ¿La pobreza llama pobreza? Sí, se llama pobreza crónica. Y es un círculo vicioso familiar. Los casos ‘Benito Juárez’ son muy atípicos.

Si bien la desigualdad no debe de ser un problema, cuando hay una grupo que no tiene lo necesario resuelto, esa es otra historia. No está mal que existan putrimillonarios, pero si al mismo tiempo existen muchas personas pasando hambre, automáticamente la opulencia se antoja obsena. Y así se perfiló la crítica moral al sistema económico:

Dadas nuestras circunstancias tan desiguales (45 millones en pobreza y 13 en miseria. Cfr. CONEVAL), un sistema de libre mercado sin una ciudadanía unida y caritativa (?), deviene en una dinámica de la supervivencia y poderío del más fuerte y la marginación de los más débiles y vulnerables: la ley de la selva: darwinismo social.

La pregunta incómoda: ¿Más de 8,000 años de civilización y seguimos operando con la ley de la selva, sólo que más sofisticada? ¿No hemos progresado nada?

Jorge cerró su intervención defendiendo la importancia histórica del emprendedor, llamando a pactar con la realidad, en general, y la realidad institucional mexicana y ayudar desde ahí. Y describió los beneficios de compartir:

– Hay demasiada basura. Hay que reciclar.

– Demasiados activos ociosos. “No compren taladros, pídanselo a sus vecinos”.

– Demasiados productos milagros.

– Recesión.

Frente a la filantropía y quizá a la teoría del don (si es que la entendemos; probablemente no), Jorge llama la atención en que si el modelo filantrópico no tiene detrás un modelo de producción, difícilmente va a sostenerse. Y es que es muy difícil defender que existe un acción humana absolutamente desinteresada.

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